El poder del Ave Fenix, el poder de la Resiliencia

“El hombre que se levanta es aún más fuerte que el no ha caído. Una experiencia traumática es siempre negativa pero lo que suceda a partir de ella depende de cada persona. En la mano del hombre está elegir su opción, que bien puede convertir su experiencia negativa en victorias, la vida en un triunfo interno, o bien puede ignorar el desafío y limitarse a vegetar o a derrumbarse” (V. Frankl)

Algunas personas suelen resistir con insospechada fortaleza los embates de la vida, e incluso ante sucesos extremos hay un elevado porcentaje de personas que muestra una gran resistencia y que sale psicológicamente indemne o con daños mínimos del trance

Lance no llego a conocer a su padre. Su padrastro lo azotaba con frecuencia. Aún así consiguió llegar a ser triatleta y más tarde ciclista, con la ayuda y el apoyo de su madre. O al menos, así lo relata Lance Armstrong en su libro “Mi vuelta a la vida”. Aunque quizá, la historia personal más conocida de este heptacampeón del Tour de Francia sea la de su lucha contra un cáncer testicular y su posterior metástasis a pulmones y cerebro. Lucha de la que salió victorioso, volviendo así al ciclismo y a la vida. Y volvió por la puerta grande, ya que tras su recuperación ganó durante 7 veces consecutivas el Tour de Francia.

Lance Armstrong es una persona resiliente, que superó una infancia difícil y, posteriormente, lo que para todos era una enfermedad terminal.

La resiliencia de Armstrong es también la de Viktor Frankl, padre de la Psicología Humanista, maltratado y vejado durante 3 años en distintos campos de concentración. También es la resiliencia de Maria Callas y porqué no, la de Harry Potter.

El vocablo resiliencia tiene su origen en el latín, en el término resilio que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar. El término fue adaptado a las ciencias sociales como la capacidad humana para sobreponerse a las adversidades y construir sobre ellas, adaptarse, recuperarse, y acceder a una vida significativa y productiva.

LOS TRES PILARES DE LA RESILIENCIA

Todos los seres humanos somos dueños en mayor o menor grado de una cierta capacidad de resiliencia. Todos, niños y adultos, aprendemos a reponemos de las crisis, a seguir adelante.

Sin embargo, existen algunos elementos facilitadores o predisponentes a la resiliencia:

Autoconocimiento y Autoestima. Es la base de los demás pilares. Es la capacidad de conocerte, aceptarte y valorarte tal y como eres, con tus fortalezas y debilidades. Esto te permitirá reconocer que hay situaciones que puedes resolver por ti mismo/a, momentos en los que requieres pedir ayuda y circunstancias que no pueden ser modificadas.
Introspección. Es el arte de preguntarse a sí mismo y darse una respuesta honesta. Depende de la solidez de la autoestima que se desarrolla a partir del reconocimiento del otro.
Independencia. Es la capacidad para mantener la distancia emocional y física necesaria ante la presencia de personas o de situaciones que te perturban o te causan dolor así como alejarte de situaciones de riesgo que pueden significar futuros problemas.
Capacidad de relacionarse. Es la habilidad para establecer lazos e intimidad con otras personas, para balancear la propia necesidad de afecto con la actitud de brindarse a otros. Una autoestima baja o exageradamente alta producen aislamiento: si es baja por autoexclusión avergonzante y si es demasiado alta puede generar rechazo por la soberbia que se supone.
Iniciativa. El gusto de exigirse y ponerse a prueba en tareas progresivamente más exigentes.
Humor. Encontrar lo cómico en la propia tragedia. Permite ahorrarse sentimientos negativos aunque sea transitoriamente y soportar situaciones adversas.
Creatividad. La capacidad de crear orden, belleza y finalidad a partir del caos y el desorden. Fruto de la capacidad de reflexión.

¿Soy una persona resiliente?

Las siguientes afirmaciones pueden ayudarte a descubrir si eres resiliente o no:

• Cuando sufro una derrota, examino mis limitaciones para que no vuelva a suceder.
• Cuando tengo un problema serio, lucho.
• Cuando alcanzo el éxito, siento que comparto el mérito con todos los que participaron conmigo.
• Cuando sobrevienen cambios, los tomo como un desafío interesante.
• Si me piden ayuda es porque cuentan conmigo.
• Yo me encuentro optimista.
• Actúo de acuerdo con lo que constituyen mis metas.
• Mi vida está llena de sentido.
• La mayor parte del tiempo controlo mi vida.
• Cuando enfrento desafíos nuevos, espero el mejor momento para actuar.
• Cuando estoy en dificultades me centro en mis recursos internos y mis experiencias.
• Para encarar un problema, me aproximo metódicamente.
Cuando resuelvo el problema, guardo mi experiencia y lo olvido.

Sea como sea, recuerda que la resiliencia se puede aprender… “En la mano del hombre está elegir su opción…”

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