La revolución batracia; la revolución de septiembre

Al inicio de septiembre, ese mes caracterizado por ser el comienzo de un nuevo ciclo para muchas/os de nosotras/os, ese mes de proyectos, incertidumbres e ilusiones, este cuento sobre el riesgo, la comodidad y el valor de la esperanza en que el cambio es posible.

En un pozo profundo vivía una colonia de ranas, allí llevaban su vida, tenían sus costumbres, encontraban su alimento y croaban a gusto haciendo resonar las paredes del pozo en toda su profundidad. Protegidas por su mismo aislamiento, vivían en paz y sólo tenían que protegerse de un cubo que, de vez en cuando, una anciana echaba desde arriba para sacar agua del pozo. Daban la alarma en cuanto oían el ruido de la polea, se sumergían bajo el agua o se apretaban contra la pared, allí esperaban conteniendo la respiración hasta que el cubo, lleno de agua, era izado otra vez y pasaba el peligro.

Fue a una rana joven a quien se le ocurrió pensar que el cubo podía ser una oportunidad en vez de un peligro.

Allá arriba se veía algo así como una claraboya abierta, que cambiaba de aspecto según fuera de día o de noche, y en la que aparecían sombras y luces, formas y colores, que hacían presentir que allí había algo nuevo y digno de conocerse.

La rana joven dijo lo que pensaba y todas las demás se le echaron encima:

“Eso nunca se ha hecho. Sería la destrucción de nuestra especie. El cielo nos castigará. Te perderás para siempre. Nosotras hemos sido hechas para estar aquí, y aquí es donde estamos bien y podemos ser felices. Fuera del pozo no hay más que destrucción. Nuestros antepasados establecieron éste como nuestro lugar. Que nadie se atreva a violar las sabias leyes de nuestros antepasados. ¿Es que una rana jovenzuela de hoy puede saber más que ellos?

La joven rana desoyó las críticas a su propuesta y un día esperó pacientemente la próxima bajada del cubo, se colocó estratégicamente, dio un salto en el momento en que el cubo comenzaba a ser izado y subió en él ante el asombro y horror de la comunidad batracia.

El consejo de ancianos excomulgó a la rana prófuga y prohibió que se hablara de ella, había que salvaguardar la seguridad del pozo.

Pasaron los meses sin que nadie hablara de ella y nadie, tampoco, pudiera olvidarla, cuando un buen día se oyó un croar familiar sobre el borde del pozo, se agruparon abajo las curiosas y vieron recortada contra el cielo, en el borde del pozo, la conocida silueta de la rana aventurera. Todas miraban sin atreverse a decir nada, cuando la rana joven habló:

“Aquí arriba se está de lujo. Hay agua limpia y transparente que se mueve, no como allá abajo, hay unas fibras verdes y suaves que salen del suelo y entre las que da gusto moverse, y hay muchos bichos pequeños muy sabrosos y variados, y cada día se puede comer algo diferente. Y hay muchas ranas de muchos tipos distintos, y son muy buenas,y soy muy feliz y aquí hay sitio para todas porque esto es muy grande y nunca se acaba de ver lo que hay allá lejos…”

Desde abajo, las fuerzas del orden ordenaron a la rana callar y la advirtieron de que, si bajaba, sería ejecutada por alta traición, ella dijo que no pensaba bajar, y que les deseaba a todas que lo pasaran bien.

Abajo en el pozo hubo mucho revuelo, y hubo algunas ranas que quisieron comentar las palabras de la aventurera, pero las autoridades las acallaron enseguida; y la vida volvió a la normalidad y la estabilidad de siempre en el fondo del pozo.

Sin embargo, al día siguiente, por la mañana, la anciana se quedó asombrada cuando, al sacar el cubo con agua del pozo, vio que estaba lleno de ranas.

[Vallés, C.G. (1997) Salió el sembrador. Ed. Sal Terrae]

En sánscrito hay una palabra para designar a una persona estrecha de miras, que se conforma con oír lo que siempre ha oído y hacer lo que siempre ha hecho, lo que hace todo el mundo y lo que, según parece, han de hacer todos los quieran seguir una vida tranquila y segura. La palabra es kupmanduck (rana de pozo).

El mundo está lleno de pozos -cenagosos pero conocidos- y los pozos llenos de ranas acomodadas… Aunque por suerte, de vez en cuando, algunas dan el salto al cubo y siguen asombrando (y preocupando) a las tradicionales ranas de pozo que se ven perdiendo el control de sus comunidades batracias.

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