Lo que crees es lo que creas (A. Rovira)

“El sentido de las cosas no está en las cosas mismas, sino en nuestra actitud hacia ellas”(A. de Saint Exupery)

Dicen que la actitud es el prisma a través del cual filtramos la realidad, pero su efecto (el de las actitudes) no queda ahí. La actitud con la que observamos nuestra realidad, la actitud con la que interpretamos los hechos, repercute directamente sobre las acciones que emprendemos (o que reprimimos) y, por consiguiente, sobre los resultados que obtenemos.

Podríamos hablar, muy en general, de 3 tipos de actitud ante la vida:

  • La actitud OBSERVADORA: Actitud habitual de personas que prefieren evitar riesgos, que viven siendo un espectador/a de lo que sucede a su alrededor, sin implicarse más allá de lo estrictamente necesario. La persona con actitud observadora prefiere que sean “los otros” quienes resuelvan las cosas, quienes cambien, quienes se impliquen… Hablaríamos, en general, de personas que viven con cierta indiferencia, con altas dosis de negatividad y de reactividad ya que tienden a pensar que no tienen control sobre su vida.

“La indiferencia es la que ha permitido a las piedras permanecer inmutables durante millones de años” (C. Pavese)

  • La actitud CRÍTICA: Las personas con una actitud crítica sienten predilección por las frases del tipo “ya lo advertí” o “sabía que ocurriría”. Además son especialistas en quejarse de todo lo que no funciona, de lo que va mal, de lo que falta… y tienen claro que todo esto tiene que ver con el “mal hacer” de los otros, el problema siempre son los demás. Dada esa tendencia a atribuir las responsabilidades a los otros, también poseen una alta percepción de falta de control sobre su vida, como los/as observadores/as

“Si quieres crecimiento y unión en tus relaciones, no trates de modificar a los demás, en todo caso, modifica tu forma de ver las cosas” (Bob Mandel)

  • La actitud ACTIVA: Es la actitud de las personas que aprenden de cuanto sucede a su alrededor. Tienen interés por extraer algún aprendizaje de todo lo que sucede en sus vidas y en las de las demás; interés por crecer permanentemente. Sienten ilusión y entusiasmo por ser los protagonistas de su vida. Son expertas en ver lo bueno de cualquier circunstancia, de cualquier cambio, de cualquier imprevisto. Creen firmemente que un error es una oportunidad única para aprender. Como constructores de su propia vida, creen que el control sobre ésta está en sus manos.

“Hay quien cruza el bosque y no ve leña para el fuego” (Tolstoi)

¿y tú? ¿cuál es tu actitud?

Aunque no existe una actitud “pura”, sí existen tendencias bastante arraigadas a utilizar una más que las otras. Y, evidentemente, esta tendencia está condicionada por distintos factores; a pesar de eso… ¡buenas noticias! tenemos la última palabra, podemos elegir por qué actitud optamos.

“Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor,siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.” (V. Frankl)

y… ¿cómo puedo “positivizar” mis actitudes?

En realidad parece más difícil de lo que es. No digo que sea sencillo, pero es posible. Podemos “desaprender” nuestras antiguas actitudes y sustituirlas por otras que nos ayuden a influir más positivamente en nuestra vida. Podemos aprender a pensar en positivo.

Y… al respecto de esto… ¡ojo! pensar en positivo no tiene nada que ver con ser ingenuo/a. Pensar en positivo no está reñido con ser realista y objetivo/a; pero sí está reñido con ser pasivo/a y con el rechazo a buscar soluciones.

Se trata de elegir con qué ojos miramos

Bien, pero… ¿cómo?

No existen fórmulas mágicas, pero determinadas conductas pueden favorecer la transformación de nuestras actitudes en actitudes más positivas.

  • contempla todas las situaciones que vives como oportunidades de aprendizaje.
  • usa contigo un lenguaje motivador: “puedo…”, “escojo…”, “me ilusiona…”, “me encanta…”, “soy feliz con…”
  • distingue lo positivo de lo negativo, sin inventarlo, con la máxima objetividad.
  • no le des vueltas al pasado, ¡ya es historia! no puedes cambiarlo, sólo aprender de él; una vez extraído el aprendizaje, deja de pensar en él.
  • no temas al futuro, está por llegar. El futuro depende de lo que hagas hoy, ahora, en el próximo minuto.
  • disfruta del presente, es lo único que puedes asegurar que tienes ahora, aquí y ahora.

“el ser humano no es libre de elegir sus circunstancias, pero sí de elegir qué actitud toma respecto a ellas”


Fuente:
Galindo, L., Kogan, M. (2010) El próximo minuto. Madrid: Plataforma Ed.

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