Lo que el corazón quiere, la mente se lo muestra (M.A. Puig)

Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo. Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.

La psiconeuroinmunología (ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mente  y la fisiología del ser humano) ha demostrado de forma científica que el pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tienen la capacidad de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos. 

Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto “entretenidos” en un pensamiento negativo, deja a nuestro sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. A su vez, el distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro así como en nuestro equilibrio hormonal.

Siempre vamos a encontrar razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea completamente diferente. Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de ésta.

No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.

Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, y éstas a su vez, cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado.

La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con transtornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades. Las palabras por sí solas activan los núcleos de la amígdala cerebral (encargada del procesamiento/activación de las emociones). Las palabras pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo y al activarse se produce una cascada de cambios hormonales y procesos mentales. Científicos de Harward han demostrado, por ejemplo, que cuando la persona consigue reducir ese diálogo interior nocivo  y entrar en el silencio, las migrañas pueden reducirse en un 80%.

“Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro” (Ramón y Cajal)

 

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2 Respuestas a “Lo que el corazón quiere, la mente se lo muestra (M.A. Puig)

  1. MARIO ALONSO PUIG , LO VEO POR YOUTUBE CASI TODOS LOS DIAS, EL MEJOR REGALO , HE APRENDIDO TANTO DE USTED.. QUE DIOS LO SIGA BENDICIENDO CON SU SABIDURIA Y A MI POR DISFRUTARLO MUCHAS , MUCHAS GRACIAS!!!.. SOY PATRICIA CERVANTES DESDE MEXICO.

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