Si defines una situación como real, ésta será real en sus consecuencias

Si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias (William I. Thomas)

La frase anterior resume el Teorema de Thomas, más conocido en psicología social como Profecía Autocumplida. Mediante este teorema Thomas hizo ver la capacidad del grupo para convertir en reales las situaciones sociales que suponen como tales, al adecuar su conducta a esa situación. El resultando resulta ser una profecía autocumplida. Podríamos decir que una profecía autocumplida es una predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad.

Las personas no reaccionamos simplemente por cómo son las situaciones, sino también, y principalmente, por la manera en que percibimos tales situaciones, y al significado que le damos a las mismas. Una vez que nos convencemos (o nos convencen)  de que una situación tiene un cierto significado, y al margen de que realmente lo tenga o no, adecuaremos nuestra conducta a esa percepción, con consecuencias en el mundo real.

García Márquez ilustra en el siguiente relato un buen ejemplo de profecía autocumplida:

“Una mujer de un pequeño pueblo se levantó con una corazonada angustiante. «Algo terrible va a pasar en este pueblo», le advirtió a su hijo mientras servía el desayuno. El hijo se ríe y cuando juega al billar con sus amigos comenta lo que dijo su madre. Los amigos le cuentan a sus familiares, las familias los vecinos; por la tarde todo el pueblo sabe de la premonición y se reúne en la plaza a esperar la desgracia inevitable. La inquietud es desesperante. Finalmente alguien se decide y abandona el pueblo. Los demás siguen su ejemplo: cargan bártulos y parientes sobre los coches y se escapan. Algunos prenden fuego a sus casas; el incendio se propaga. Cuando la mujer del principio mira hacia atrás y ve las llamas y el humo, le comenta a su hijo: «Te lo dije, te lo dije».

Las declaraciones realizadas durante los últimos días por Paul Krugman, Premio Nobel de Economía y premio Príncipe de Asturias, que vaticina un próximo mes de junio negro, con Grecia fuera del euro y “corralito” en España e Italia, podrían ser un buen ejemplo de Profecía Autocumplida… ¿o es que no has oído decir a nadie en las últimas horas aquello de “yo voy a sacar toda la pasta del banco y la meto debajo del colchón”?

Cuando cultivas una firme creencia respecto a algo o alguien, acabas corroborándola.

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Nacemos llorando, vivimos quejándonos y morimos desilusionados (T. Fuller)

Existen pocos comportamientos más inútiles e infantiles que la queja, sin embargo, resulta enormemente curioso observar como las personas, invertimos una enorme cantidad de nuestro tiempo haciendo uso de ella. No existe día en nuestra vida en el que no nos quejemos por algo, da igual si es de la política, de la sociedad, del consumismo, de lo malos que son los otros, de la educación… el lloriqueo y el refunfuño son conductas totalmente improductivas, siempre que no estemos dispuestos a ir un paso más allá y hacer algo para cambiar eso que tanto decimos que nos molesta.

Si la queja por si misma no lleva a ningún lado, ni aporta nada, ni cambia nada… ¿Qué justifica este comportamiento?, ¿Para qué nos quejamos tanto? Creo que nos quejamos porque el hecho de mostrar a los demás que estamos molestos o decepcionados con algo, de alguna manera, nos permite autojustificarnos, ya que damos por supuesto que, por simple hecho de manifestar nuestra inconformidad acerca de algo y/o alguien demostramos implícitamente que lo que está sucediendo nos importa, que estamos realmente concienciados acerca de ello…

A través de la queja, reconocemos que nos gustaría que una situación determinada fuera de otra manera, pero que no tenemos la culpa de que sea como es, ni el poder o los medios suficientes para influir, por lo que debido a ello, no nos queda más remedio que resignarnos a aceptarla, aunque sea contra nuestra voluntad… en muchas ocasiones la queja nos hace convertirnos en víctimas… nos exime de asumir la responsabilidad de actuar, de hacer algo para modificar un estado y/o situación con la que no estamos conformes, a la vez que pretende provocarnos la sensación de que en el fondo, estamos haciendo un esfuerzo sincero y real por cambiarla… el problema surge porque para mucha gente, con eso es suficiente.

¿Realmente te molesta una situación? ¡¡Entonces dí qué es lo que estás haciendo para cambiarla!! Debemos de ser conscientes de que, para el ser humano, existen pocas conductas más incapacitadoras y limitantes, y por desgracia más frecuentes, que el victimismo, el conformismo y la resignación… Esa es realmente la gran crisis en la que estamos actualmente sumidos, todo el mundo se queja de que nos están recortando derechos, de lo que nos está afectando la crisis, o de “lo mal que está la cosa”, pero en el fondo nadie hace nada para cambiarlo. La gran mayoría se limita (nos limitamos) a criticar y a quejarse, y como consecuencia, nada cambia…

Es hora de dejar de quejarnos y empezar a hacer, de olvidarnos de palabras inútiles y demostrar en actos tangibles ese compromiso real con esos ideales que todos decimos tener… pero no solo en lo relacionado con la crisis, sino en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida.

Si tienes tiempo para quejarte, también tienes tiempo para hacer algo al respecto…

 

 

 

 

Vía http://www.posadascoaching.com/2012/deja-de-quejarte

 

Sufrimos demasiado por lo poco que nos falta y gozamos poco por lo mucho que tenemos

Un padre y su hijo tenían hambre, por lo que decidieron irse a pescar en su pequeño barco. El padre ayudó a su hijo con el carrete y este pescó su primer pez.

– Gran pesca, hijo mío – dijo el padre.

– Sí, pero  quizás haya otro pez mejor – le respondió el hijo. – ¿Y si pudiera atrapar un pez más grande y más sabroso?

– Tal vez deberías intentarlo – fue la respuesta que obtuvo del padre.

Y así lo hizo el hijo de forma que capturó un pez aún más grande.

– Una verdadera belleza – le animó el padre.

– Pero probablemente ahí fuera hay peces aún más grandes.

– Quizás deberías volver a intentarlo – le respondió el padre.

El hijo se animó y capturó otro pez mayor y así prosiguió con su idea de pescar siempre un ejemplar de mayor tamaño y de carne más exquisita.

Al final del día el hijo se estaba exhausto y no había probado bocado por lo que el padre le preguntó: 

– ¿Te ha gustado el pescado?

– No lo sé. Estuve tan ocupado intentando pescar los mejores ejemplares que no tuve ni un segundo para probarlos.

¿En cuántas ocasiones nos hemos comportado como el hijo de esta historia?

Desgraciadamente muchas veces esperamos a saborear la victoria hasta que logramos otra meta aún más grande y más satisfactoria. Entonces asumimos decenas de metas y nuevos objetivos que demandan nuevos esfuerzos y que nos mantienen tan ocupados que no somos capaces de apreciar los pequeños logros ni de disfrutar del camino que emprendemos. Esperar un futuro mejor no es, definitivamente, la mejor manera de vivir el presente.
Aunque nuestra vida fuese el doble de larga, no podríamos visitar todas las ciudades del mundo, leer todos los buenos libros u obtener todas las metas que nos propongamos. Nuestra vida y nuestras capacidades son limitadas, por ende, en muchas ocasiones en vez de preocuparnos por aquello que nos estamos “perdiendo” sería mucho más inteligente concentrarse en lo que estamos “viviendo”.
Esto no significa que no debamos plantearnos metas nuevas y más desafiantes que nos permitan crecer como personas sino que debemos aprender a disfrutar del camino y a apreciar las cosas que tenemos a nuestra disposición en este mismo momento.

La felicidad no está en la meta, está en el camino

 

 

 

Fuente:
http://www.rinconpsicologia.com/2012/02/la-espera-de-un-futuro-mejor.html

Tú eres el motivo de casi todo lo que te sucede (Epícteto)

La última de las libertades humanas, la libertad esencial, aquella que nadie nos puede arrebatar, es la de elegir nuestra actitud, por difíciles, dolorosas o complejas que sean nuestras circunstancias.

(Victor E. Frankl)

Todo aquello que nos sucede puede verse como una oportunidad o una dificultad, como un reto o un obstáculo. Depende, únicamente de la actitud que tengamos ante lo que nos sucede.

La actitud, entendida como una tendencia, disposición o inclinación para actuar de determinada manera, es el sustento sobre el que se  apoyan nuestros pensamientos, nuestras acciones y, sobre todo, nuestras emociones. Valga el sencillo ejemplo del estudio de una carrera, si la actitud es favorable hacia ella, encontraremos pensamientos positivos referentes a ella; así como, emociones de simpatía y agrado por esos estudios.

Las actitudes son socialmente aprendidas y, en consecuencia, son modificables, sustituibles o prescindibles. De la misma manera que uno/a aprende a cambiar determinado comportamiento que tenía interiorizado por haber sido aprendido en su entorno familiar, por ejemplo, pero que no quiere mantener; las actitudes también pueden ser modificadas. Uno/a puede decidir qué actitud es la que elige para ir por la vida, la actitud para consigo mismo/a, para con la familia, para con la pareja, en el trabajo…

Las circunstancias, en sí mismas, no tienen la capacidad de ser buenas o malas; son como uno/a las quiera ver. Para algunos/as amigos/as la ruptura con su pareja fue el inicio de una nueva vida, para otros/as, sin embargo, fue el final de una vida. Para algunos/as la pérdida del trabajo fue la oportunidad de encontrar un trabajo en el que sentirse verdaderamente realizado/a, para otros/as fue el comienzo de una depresión.

La siguiente historia ilustra esta diferencia actitudinal…

Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo de agua a la entrada del pueblo. Un día, un joven se acercó y le dijo:

-Yo nunca he venido por estos lugares. ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?

El anciano le respondió con otra pregunta:

-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?

-Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allí.

-Así son los habitantes de esta ciudad – le respondió el anciano.

Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta:

-Voy llegando a este lugar. ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?

El anciano de nuevo le contestó con la misma pregunta:

-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?

-Eran buenos, generosos, hospitalarios y trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos…

-También los habitantes de esta ciudad son así – respondió el anciano.

Un hombre que había llevado sus animales a tomar agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó, le dijo al anciano:

-¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas?

-Mira – le respondió – Cada uno lleva el universo en su corazón. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo hallará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, encontrará también aquí amigos leales y fieles.

Porque las personas son lo que encuentran en sí mismas; encuentran siempre lo que esperan encontrar.

S.O.S emergencia emocional

“Caminar a solas es posible, pero el buen caminante sabe que el gran viaje es el de la vida, y -en algunos tramos- se necesitan compañeros/as”

Probablemente si hace unas horas no hubiese tenido lugar una interesante sesión formativa con futuras enfermeras, no hubiese escrito a cerca de lo que me encuentro escribiendo: a cerca de la relación enfermera-paciente, y más concretamente a cerca de cuáles son las competencias de la enfermera en esta relación.

El diálogo que me ha hecho cambiar la temática prevista de esta semana bien podría resumirse en lo siguiente:

  • Enfermera: Pero hay veces que los pacientes te quieren tomar el pelo… una noche una mujer me hizo acudir a su habitación para que le pasase las hojas de la revista que estaba leyendo… ¡qué cara más dura, eso no es respetable!
  • Yo: ¿de verdad crees que su intención era esa?, ¿que su necesidad verdadera al llamarte era esa?
  • Enfermera: No, supongo que no… ¡¡pero yo no soy psicóloga!!

Ante esta respuesta inmediatamente han ido conformándose una serie de ideas en mi cabeza.

Inmediatamente he pensado “yo tampoco soy enfermera, pero ante una situación de emergencia vital trataría de hacer algo por el paciente”; “si el hijo de mi amiga se atraganta, trataría de practicarle la maniobra de Heimlich; si mi pareja sufre un esguince inmediatamente trataría de buscarle hielo…y no! no soy enfermera…!! ¿porqué yo sí y tú no?, ¿acaso no es una situación de emergencia emocional?, ¿acaso pasa a un segundo plano la urgencia emocional?, ¿no son igualmente destructoras y dañinas las emergencias emocional y física?”

¿Hasta dónde llega la competencia enfermera…?

¿Seguimos formando profesionales sanitarios centrados en la atención a los síntomas físicos, somáticos…?, ¿Siguen nuestros futuros agentes de salud sin considerar que la ansiedad por la enfermedad bloquea la posibilidad de expresar sus temores o miedos por otras vías que no sean las llamadas de atención? Afortunadamente la cosa está cambiando, pero aún queda mucho por hacer…

Ingenuamente o no, sigo creyendo que en este ámbito cobra todavía más importancia el incluir las habilidades de relación enfermera/o y paciente en los currículos formativos. Es imprescindible que los/as formadores/as seamos capaces de transmitir la necesidad de que la enfermera sea el agente de salud que facilite a las personas que éstas adopten nuevas actitudes, sentimientos y comportamientos, que el paciente/cliente conozca otras posibilidades y obtenga una sensación de control sobre su enfermedad.

Los conocimientos necesarios para los cuidados de enfermería tienen que contemplar a la persona en sus esferas biológica, psicológica, espiritual y social. La enfermería, según las más antiguas (y las más recientes) teorías explicativas de sus fundamentos, defiende como razón de ser “la persona cuidada”. Afirman los teóricos que La relación con el paciente constituye el eje de los cuidados”… pero algo no me cuadra… en este contexto, ¿dónde queda la atención emocional al paciente en momentos de crisis?, ¿acaso las crisis emocionales no forman parte de “la persona cuidada”? En cualquier manual de fundamentos de enfermería podemos encontrar como objetivo número 1 de la enfermera la “detección de necesidades de salud del usuario”, ¿de qué estamos hablando con esas necesidades?, ¿el desahogo emocional no es acaso una necesidad?

La enfermera, y cualquier otro profesional de la salud, se olvida con demasiada frecuencia de cómo ve el paciente su propia situación, qué opina de los cuidados y de los tratamientos que se le ofrecen, qué significa para él su enfermedad. Por eso seguimos teniendo modelos de intervención en los que no se ha conseguido que se deje de llevar a cabo una “enfermería centrada en la enfermera” y se comience a hacer una “enfemería centrada en el paciente”. Esta relación no suele llevar a medio plazo a ninguna parte: el paciente se siente juzgado, incomprendido y más solo en su sufrimiento, y la enfermera tampoco se siente cómoda ni satisfecha con su trabajo ni con su trato con el paciente.

Para terminar, no puedo dejar de recordar aquella historia a cerca del “hombre de la ventana” que ilustra la esencia de esta filosofía de relación terapéutica.

Dos hombres ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital.
A uno se le permitía sentarse en una cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el liquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación.
El otro hombre tenia que estar todo el tiempo boca arriba.
Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones. Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior. La ventana daba a un parque con un precioso lago, patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad.

A medida que el hombre de la ventana describía esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación (el que estaba acostado) cerraba los ojos e imaginaba la edilicia escena.

Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras. Además, él mismo se sentía cada vez con más ánimos para recuperarse a fin de poder disfrutar de todo aquello que su compañero de la ventana le describía.

Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entro con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto placidamente mientras dormía.

Tan pronto como lo considero apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana.
La enfermera le cambio encantada y tras asegurarse de que el estaba cómodo, salió de la habitación.

Lentamente y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo para lanzar la primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo el mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama… y se encontró con una pared blanca.

Tremendamente sorprendido y frustrado el hombre pregunto a la enfermera qué podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana , “¿por qué se inventó cosas que no existen?”

La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y le indico:
“Quizás lo único que quería es que usted viese lo que usted deseaba ver… que usted encontrase sus propias vías de escape…”

Es una tremenda felicidad el hacer felices a los demás, sea cual sea su situación. La enfermera (el enfermero) tiene a su alcance todas las herramientas y recursos necesarios para convertirse en ese “hombre/mujer de la ventana” sólo es cuestión de actitud y de mirada, de ver a los pacientes de otra manera.