Tú eres tus pensamientos

Cuando Siddharta el Buda dijo “tú eres tus pensamientos” no podía haber imaginado toda la avalancha de investigaciones y datos científicos que 2.500 años después avalarían su afirmación.

Los/as psicólogos/as parecen estar de acuerdo con que los problemas psicológicos y de insatisfacciones con la vida, surgen cuando el ser humano tiene sus necesidades básicas cubiertas y dispone de tiempo libre para pensar. El control de la mente, el ser dueño de la misma en lugar de ser su sirviente, se ha demostrado como la llave que abre la puerta de la felicidad. Lo que cada uno/a pensamos acerca de nosotros/as mismos/as, de las personas que nos rodean y del mundo en general, acaba convirtiéndose con mucha frecuencia en una profecía autocumplida. Proyectamos en el exterior nuestro mundo interior y la imagen que recibimos no es más que un reflejo de nuestra propia imagen.

Creemos ver el mundo tal y como es y en realidad lo que vemos es nuestro propio reflejo, el reflejo de nuestros  pensamientos, y la versión del “mundo” que hemos creado en nuestra propia cabeza.

Por ejemplo, numerosos estudios han demostrado que la autoconfianza, una convicción férrea de mis capacidades de logro, es el factor singular más determinante del éxito. No es más que una pequeña muestra del poder que nuestras convicciones, nuestros pensamientos e ideas acerca de la realidad, tienen sobre nuestro destino como personas.

La configuración de nuestra mente  fruto de la evolución de nuestra especie, no siempre nos ayuda a ser felices. Nuestra mente dispone de mecanismos que nos han ayudado a sobrevivir y progresar como especie pero que no son nada útiles si hablamos de su efecto sobre nuestra felicidad. Estos mecanismos- muy útiles para la supervivencia- se convierten, a su vez, en tendencias tóxicas que contribuyen a perturbar nuestra paz interior.

Nuestra mente es capaz de abstraernos en el tiempo, y con ello de recrear el pasado o pensar en el futuro,  hemos desarrollado la empatía, somos capaces de elaborar comparaciones mentales entre objetos y sentimos apego hacia lo que disfrutamos… estos cuatro ejemplos de nuestras capacidades mentales son cuatro herramientas muy útiles para la supervivencia. ¿Por qué? Porque, por ejemplo, la agricultura y la ganadería nacen de nuestra capacidad de prever acontecimientos futuros, la empatía nos empuja a ayudar al que lo necesita y así nuestra especie se perpetúa, comparar te permite realizar distinciones útiles para crear o para manejarte con las diferencias y el apego te hace querer conservar los bienes de los que disfrutas.

No obstante, esas ventajas se presentan como monedas de doble cara, y la cruz de las mismas es que con frecuencia perturban nuestra paz interior. El hecho de ser capaces de pensar en el futuro y prever acontecimientos nos hace vivir preocupados por posibles adversidades que quizá nunca ocurran. El hecho de haber desarrollado la capacidad empática nos hace vivir el sufrimiento de los otros. El ser capaces de hacer comparaciones nos lleva a tener sentimientos de frustración respecto a lo que otros tienen y/o son. El apego nos hace vivir con miedo a perder aquello que poseemos (o nos posee)

Nuestra mente ha sido configurada genéticamente para ayudarnos a sobrevivir, no para ayudarnos a ser felices, puesto que este no es el objeto de la evolución.

La tan ansiada búsqueda de la felicidad requiere de un esfuerzo persistente; pero estoy convencida de que en nuestra configuración mental también residen los recursos necesarios para acercarnos a ella, porque si alguna vez me he sentido en absoluta calma, si alguna vez he sentido la más absoluta sensación de felicidad, si alguna vez he sentido un amor absolutamente desinteresado hacia alguien, es porque disponemos de todo el equipamiento necesario para disfrutar de una vida plena.

Fuente
Planes, J. (2010) Revoluciona tu vida. Desata tu potencial.

En cualquier momento, un abrazo cualquiera puede cambiar tu vida y su vida.

Abrazarnos, al igual que reír y escuchar música, es una más de las muchas herramientas, que la Naturaleza nos ha regalado y a la que nosotros/as, en nuestro afán de perfeccionismo inalcanzable, nos hemos dedicado a través de muchos años de férreo entrenamiento a contaminar, desvirtuar y hasta casi aniquilar.

A través de la “educación racional” en la que nos afanamos, venimos desde hace siglos destruyendo este simple y poderoso acto, natural y espontáneo, que es el abrazo. Estamos dejando perder ese lenguaje que no conoce de idiomas, que comunica desde la diversidad y sin distinciones, con una alta eficacia, las emociones que experimenta nuestro cuerpo y que queremos transmitir. El lenguaje de los abrazos es sin duda el auténtico y original medio de comunicación, el más ecológico, sencillo y económico. Útil cuando sobran las palabras o no logramos encontrar las adecuadas

La presencia cercana de “un/a otro/a” llega a producir un ajuste psicofisiológico en nuestro organismo. El otro, la otra, con su presencia, me influye fisiológicamente, modula mis emociones, me influye hormonalmente y yo a él/ella.

Y aquí es donde radica la importancia del abrazo.

Cuando tocar o acariciar es imposible, se genera un estado de ansiedad, de “hambre límbica”. El dolor de la separación, de la pérdida, del aislamiento… es en realidad el dolor de la retirada neuroquímica (dopamina, oxitocina, serotonina, endorfinas…).

En este contexto, las caricias, los besos, los abrazos, las miradas, la interacción emocional positiva, la proximidad, el contacto… actúan estimulando el flujo de oxitocina, serotonina y dopamina. El acto de abrazar genera oxitocina en el cerebro. La oxitocina dispara los circuitos de confianza en el cerebro y provoca estados de confianza y vinculación entre quienes se abrazan. Con el abrazo, además, se activa la liberación de serotonina y dopamina, que explica la sensación de bienestar, relajación, armonía y plenitud en el momento del abrazo.

Y de la misma manera que un abrazo vale más que mil palabras, a veces, una imagen también vale más que mil palabras:

“El que se guarda un elogio, se queda con algo ajeno” (Picasso)

Cuando te conviertes en un faro que ilumina el camino de las otras personas, acabas iluminando tu propio camino.

Todas las personas necesitamos sentirnos aceptadas, reconocidas, valoradas, apreciadas, queridas…  y mantener relaciones gratificantes con las que nos rodean, necesitamos en definitiva CARICIAS EMOCIONALES

Una mirada cómplice, una pregunta oportuna, aquel mensaje que te arranca una sonrisa, una cena improvisada cuando llegas cansada/o, que te perdonen un mal día, escuchar mil veces la misma anécdota y reír como la primera vez, una llamada desde lejos, unas risas a tiempo, un abrazo cuando más lo necesitas, un silencio que no incomoda, una nota de buenos días junto a la taza de desayuno, confidencias tomando una cerveza, llorar abrazado/a a alguien… pequeños- grandes motivos para sentirte feliz y agradecida/o por el regalo recibido, por la caricia emocional…

Nuestra naturaleza básica pide abundantes caricias, por tanto, darlas y recibirlas debería ser sencillo y placentero; sin embargo, muchas veces tropezamos con dificultades.

Desdichadamente, las caricias no siempre fluyen libremente, ni siquiera entre las personas que se aman. (¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a tu madre, padre, hermano/a “te quiero”, “te admiro”…?)

Proporcionarnos caricias es difícil. Pero no es sólo difícil dar caricias, si no que a veces nuestra principal dificultad está en recibirlas y aceptarlas.

¿qué sueles responder ante un elogio a tu trabajo, a tu apariencia, etc…? Quizá cosas como “no es para tanto”, “exageras”, “me miras con buenos ojos”…

Responder así es exactamente igual que rechazar un regalo que alguien te entrega con toda su ilusión, buscando agradarte.

Pero… ¿por qué respondemos así?

Ideas Irracionales que nos impiden acariciar y dejarnos acariciar 

Me impide acariciar: 

  • ¿Qué pensará si le digo esto?
  • ¿Y si me malinterpreta?
  • ¿Y si piensa otra cosa?
  • Total, ya sabe que es buena en esto
  • Total, ya sabe que la/lo quiero
  • Si muestro mis emociones me hago más vulnerable, me muestro débil

Me impide dejarme acariciar: 

  • Si me conociera bien no diría eso
  • Me mira con buenos ojos
  • Quiere algo de mi
  • No es para tanto, hay otras personas mejores
  • Cualquiera lo haría, no tiene mérito

Creemos que aceptar una caricia es un acto de soberbia, en realidad es un ACTO DE HUMILDAD.

Agradecer las caricias implica reconocer que las necesitamos y supone un acto de reconocimiento y agradecimiento ante el regalo del/a otro/a

Y además todo son ventajas!!!

Cuando se da una caricia emocional:

  • Se ayuda a los demás a que se sientan bien consigo mismos.
  • Los demás van a saber lo que te gusta de ellos.
  • Te sentirás bien porque serás capaz de decir algo agradable a otra persona.

Al aceptar caricias emocionales:

  • Harás saber al que lo hace que aprecias lo que dice.
  • Puedes saber lo que a los demás les gusta de tí.
  • Te puedes sentir bien contigo mismo.

 No aceptar/dar caricias emocionales sólo tiene desventajas

De no aceptar caricias emocionales:

  • Te sentirás mal contigo mismo
  • Te menospreciarás a ti mismo
  • Los demás se sentirán mal porque no valoraste sus opiniones o sentimientos

De no proporcionar caricias:

  • No dirás las cosas agradables que en realidad quieres decir.
  • Los demás no sabrán qué es lo que te gusta de ellos.
  • Es posible que los demás piensen que no te caen bien.

S.O.S emergencia emocional

“Caminar a solas es posible, pero el buen caminante sabe que el gran viaje es el de la vida, y -en algunos tramos- se necesitan compañeros/as”

Probablemente si hace unas horas no hubiese tenido lugar una interesante sesión formativa con futuras enfermeras, no hubiese escrito a cerca de lo que me encuentro escribiendo: a cerca de la relación enfermera-paciente, y más concretamente a cerca de cuáles son las competencias de la enfermera en esta relación.

El diálogo que me ha hecho cambiar la temática prevista de esta semana bien podría resumirse en lo siguiente:

  • Enfermera: Pero hay veces que los pacientes te quieren tomar el pelo… una noche una mujer me hizo acudir a su habitación para que le pasase las hojas de la revista que estaba leyendo… ¡qué cara más dura, eso no es respetable!
  • Yo: ¿de verdad crees que su intención era esa?, ¿que su necesidad verdadera al llamarte era esa?
  • Enfermera: No, supongo que no… ¡¡pero yo no soy psicóloga!!

Ante esta respuesta inmediatamente han ido conformándose una serie de ideas en mi cabeza.

Inmediatamente he pensado “yo tampoco soy enfermera, pero ante una situación de emergencia vital trataría de hacer algo por el paciente”; “si el hijo de mi amiga se atraganta, trataría de practicarle la maniobra de Heimlich; si mi pareja sufre un esguince inmediatamente trataría de buscarle hielo…y no! no soy enfermera…!! ¿porqué yo sí y tú no?, ¿acaso no es una situación de emergencia emocional?, ¿acaso pasa a un segundo plano la urgencia emocional?, ¿no son igualmente destructoras y dañinas las emergencias emocional y física?”

¿Hasta dónde llega la competencia enfermera…?

¿Seguimos formando profesionales sanitarios centrados en la atención a los síntomas físicos, somáticos…?, ¿Siguen nuestros futuros agentes de salud sin considerar que la ansiedad por la enfermedad bloquea la posibilidad de expresar sus temores o miedos por otras vías que no sean las llamadas de atención? Afortunadamente la cosa está cambiando, pero aún queda mucho por hacer…

Ingenuamente o no, sigo creyendo que en este ámbito cobra todavía más importancia el incluir las habilidades de relación enfermera/o y paciente en los currículos formativos. Es imprescindible que los/as formadores/as seamos capaces de transmitir la necesidad de que la enfermera sea el agente de salud que facilite a las personas que éstas adopten nuevas actitudes, sentimientos y comportamientos, que el paciente/cliente conozca otras posibilidades y obtenga una sensación de control sobre su enfermedad.

Los conocimientos necesarios para los cuidados de enfermería tienen que contemplar a la persona en sus esferas biológica, psicológica, espiritual y social. La enfermería, según las más antiguas (y las más recientes) teorías explicativas de sus fundamentos, defiende como razón de ser “la persona cuidada”. Afirman los teóricos que La relación con el paciente constituye el eje de los cuidados”… pero algo no me cuadra… en este contexto, ¿dónde queda la atención emocional al paciente en momentos de crisis?, ¿acaso las crisis emocionales no forman parte de “la persona cuidada”? En cualquier manual de fundamentos de enfermería podemos encontrar como objetivo número 1 de la enfermera la “detección de necesidades de salud del usuario”, ¿de qué estamos hablando con esas necesidades?, ¿el desahogo emocional no es acaso una necesidad?

La enfermera, y cualquier otro profesional de la salud, se olvida con demasiada frecuencia de cómo ve el paciente su propia situación, qué opina de los cuidados y de los tratamientos que se le ofrecen, qué significa para él su enfermedad. Por eso seguimos teniendo modelos de intervención en los que no se ha conseguido que se deje de llevar a cabo una “enfermería centrada en la enfermera” y se comience a hacer una “enfemería centrada en el paciente”. Esta relación no suele llevar a medio plazo a ninguna parte: el paciente se siente juzgado, incomprendido y más solo en su sufrimiento, y la enfermera tampoco se siente cómoda ni satisfecha con su trabajo ni con su trato con el paciente.

Para terminar, no puedo dejar de recordar aquella historia a cerca del “hombre de la ventana” que ilustra la esencia de esta filosofía de relación terapéutica.

Dos hombres ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital.
A uno se le permitía sentarse en una cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el liquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación.
El otro hombre tenia que estar todo el tiempo boca arriba.
Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones. Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior. La ventana daba a un parque con un precioso lago, patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad.

A medida que el hombre de la ventana describía esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación (el que estaba acostado) cerraba los ojos e imaginaba la edilicia escena.

Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras. Además, él mismo se sentía cada vez con más ánimos para recuperarse a fin de poder disfrutar de todo aquello que su compañero de la ventana le describía.

Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entro con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto placidamente mientras dormía.

Tan pronto como lo considero apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana.
La enfermera le cambio encantada y tras asegurarse de que el estaba cómodo, salió de la habitación.

Lentamente y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo para lanzar la primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo el mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama… y se encontró con una pared blanca.

Tremendamente sorprendido y frustrado el hombre pregunto a la enfermera qué podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana , “¿por qué se inventó cosas que no existen?”

La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y le indico:
“Quizás lo único que quería es que usted viese lo que usted deseaba ver… que usted encontrase sus propias vías de escape…”

Es una tremenda felicidad el hacer felices a los demás, sea cual sea su situación. La enfermera (el enfermero) tiene a su alcance todas las herramientas y recursos necesarios para convertirse en ese “hombre/mujer de la ventana” sólo es cuestión de actitud y de mirada, de ver a los pacientes de otra manera.

Lo que crees es lo que creas (A. Rovira)

“El sentido de las cosas no está en las cosas mismas, sino en nuestra actitud hacia ellas”(A. de Saint Exupery)

Dicen que la actitud es el prisma a través del cual filtramos la realidad, pero su efecto (el de las actitudes) no queda ahí. La actitud con la que observamos nuestra realidad, la actitud con la que interpretamos los hechos, repercute directamente sobre las acciones que emprendemos (o que reprimimos) y, por consiguiente, sobre los resultados que obtenemos.

Podríamos hablar, muy en general, de 3 tipos de actitud ante la vida:

  • La actitud OBSERVADORA: Actitud habitual de personas que prefieren evitar riesgos, que viven siendo un espectador/a de lo que sucede a su alrededor, sin implicarse más allá de lo estrictamente necesario. La persona con actitud observadora prefiere que sean “los otros” quienes resuelvan las cosas, quienes cambien, quienes se impliquen… Hablaríamos, en general, de personas que viven con cierta indiferencia, con altas dosis de negatividad y de reactividad ya que tienden a pensar que no tienen control sobre su vida.

“La indiferencia es la que ha permitido a las piedras permanecer inmutables durante millones de años” (C. Pavese)

  • La actitud CRÍTICA: Las personas con una actitud crítica sienten predilección por las frases del tipo “ya lo advertí” o “sabía que ocurriría”. Además son especialistas en quejarse de todo lo que no funciona, de lo que va mal, de lo que falta… y tienen claro que todo esto tiene que ver con el “mal hacer” de los otros, el problema siempre son los demás. Dada esa tendencia a atribuir las responsabilidades a los otros, también poseen una alta percepción de falta de control sobre su vida, como los/as observadores/as

“Si quieres crecimiento y unión en tus relaciones, no trates de modificar a los demás, en todo caso, modifica tu forma de ver las cosas” (Bob Mandel)

  • La actitud ACTIVA: Es la actitud de las personas que aprenden de cuanto sucede a su alrededor. Tienen interés por extraer algún aprendizaje de todo lo que sucede en sus vidas y en las de las demás; interés por crecer permanentemente. Sienten ilusión y entusiasmo por ser los protagonistas de su vida. Son expertas en ver lo bueno de cualquier circunstancia, de cualquier cambio, de cualquier imprevisto. Creen firmemente que un error es una oportunidad única para aprender. Como constructores de su propia vida, creen que el control sobre ésta está en sus manos.

“Hay quien cruza el bosque y no ve leña para el fuego” (Tolstoi)

¿y tú? ¿cuál es tu actitud?

Aunque no existe una actitud “pura”, sí existen tendencias bastante arraigadas a utilizar una más que las otras. Y, evidentemente, esta tendencia está condicionada por distintos factores; a pesar de eso… ¡buenas noticias! tenemos la última palabra, podemos elegir por qué actitud optamos.

“Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor,siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.” (V. Frankl)

y… ¿cómo puedo “positivizar” mis actitudes?

En realidad parece más difícil de lo que es. No digo que sea sencillo, pero es posible. Podemos “desaprender” nuestras antiguas actitudes y sustituirlas por otras que nos ayuden a influir más positivamente en nuestra vida. Podemos aprender a pensar en positivo.

Y… al respecto de esto… ¡ojo! pensar en positivo no tiene nada que ver con ser ingenuo/a. Pensar en positivo no está reñido con ser realista y objetivo/a; pero sí está reñido con ser pasivo/a y con el rechazo a buscar soluciones.

Se trata de elegir con qué ojos miramos

Bien, pero… ¿cómo?

No existen fórmulas mágicas, pero determinadas conductas pueden favorecer la transformación de nuestras actitudes en actitudes más positivas.

  • contempla todas las situaciones que vives como oportunidades de aprendizaje.
  • usa contigo un lenguaje motivador: “puedo…”, “escojo…”, “me ilusiona…”, “me encanta…”, “soy feliz con…”
  • distingue lo positivo de lo negativo, sin inventarlo, con la máxima objetividad.
  • no le des vueltas al pasado, ¡ya es historia! no puedes cambiarlo, sólo aprender de él; una vez extraído el aprendizaje, deja de pensar en él.
  • no temas al futuro, está por llegar. El futuro depende de lo que hagas hoy, ahora, en el próximo minuto.
  • disfruta del presente, es lo único que puedes asegurar que tienes ahora, aquí y ahora.

“el ser humano no es libre de elegir sus circunstancias, pero sí de elegir qué actitud toma respecto a ellas”


Fuente:
Galindo, L., Kogan, M. (2010) El próximo minuto. Madrid: Plataforma Ed.

Déjalo ir…!

Algunas veces tienes que dejar ir las cosas para que otras cosas nuevas, más útiles, más satisfactorias, o simplemente más ajustadas a tus necesidades de ahora, tengan cabida en tu vida.

Dejar ir puede ser difícil -la mayor parte de veces lo es- pero también puede ser muy positivo, liberador y gratificante.

Quizá algunas de estas cosas te den pistas sobre tu necesidad de “dejarlas ir” para permitirte disfrutar de otras cosas cuyo lugar están ocupando:

  • La culpa: ¿Puede la culpa cambiar la situación? ¿Puedes invertir el tiempo y cambiar el pasado? Si la respuesta es ¡NO! entonces la culpa no tiene ninguna razón de ser, no tiene ninguna utilidad. Déjala ir y sólo piensa en lo que sea que te hace sentir culpable y utilízalo como una lección aprendida.
  • Los pensamientos negativos: El pensamiento negativo (irracional) es una de las peores armas con las que puedes atacarte. Un pensamiento negativo nos lleva a otro, lo que conduce a un efecto de bola de nieve que al final no puedes controlar.Presta mucha atención a tus pensamientos al notar sus emociones. Detente en el “aquí y ahora” con más frecuencia y date cuenta de lo que estás sintiendo y de cómo lo estás pensando. Recuerda que no puedes elegir tus emociones, pero siempre puedes elegir la manera de pensar sobre ellas.
  • La Necesidad de aprobación: Deja de tratar de obtener la aprobación de los demás constantemente, porque además es una batalla perdida antes de comenzarla.Acepta que no puedes complacer a todos y céntrate en complacerte a ti misma/o. Lo que los otros piensan no importa, tu vida sólo tiene que ver con cómo “te” sientes. 
  • Rencor: Todo el mundo lo ha sentido en algún momento. Todas/os nos hemos sentido heridas/os en algún momento, pero preservar el rencor sólo consigue que nos resulte imposible dejar de recordar esa herida. Déjalo ir y avanza. Tener rencores no cambia el pasado, pero puede tener un gran impacto en el futuro. 
  • La Dilación/ Postergación: Detente! Si hay algo que hay que hacer, hazlo. Aprende a diferenciar entre urgente e importante. Márcate plazos y comprométete contigo mismo/a. 
  • Las Limitaciones: Tus limitaciones son las que tú decides, si dudas de que puedes hacer algo o estás convencido/a de que vas a fracasar en sus intentos, no tengas ninguna duda de que fracasarás. Dejar de ponerte límites antes de intentar alcanzar tus metas. Tus limitaciones autoimpuestas son lo único que te detiene para lograr sus metas. “Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes estarás en lo cierto” (H. Ford). Y no confundas -como tanta gente- ser negativa/o con ser realista. Puesto que ser realista implica ver, en la misma proporción, oportunidades y obstáculos. La diferencia entre hablar de obstáculos o límites es determinante: el obstáculo se salta, se sortea; el límite te frena, te impide dar un paso más.

Un pequeño cambio ahora puede significar grandes cambios en el futuro… y si no, piensa: ¿Qué cambios has hecho en tu vida que han cambiado la manera en que vives?; ¿Cuáles son algunas de las cosas de tu vida que necesitas dejar de lado para seguir avanzando?; ¿Qué te impide vivir una vida más positiva, más satisfactoria, más coherente con la que quieres vivir?

Fuente: http://inspiredeverymoment.wordpress.com/2011/10/23/10-things-you-must-let-go-of-today/

Con su permiso… soy humana!

Seguro que en alguna que otra ocasión te has visto en la situación de contarle a alguien que estabas atravesando una mala época, un mal momento… o tal vez ha sido a ti a quien alguien ha buscado para compartir estos malos momentos. En un caso u otro, cuántas veces hemos dicho (o escuchado) cosas como…

  • ¿Has leído este libro? Te ayudará
  • Tal vez deberías tomar vitaminas. A lo mejor te faltan vitaminas, energía…
  • No es tan malo, debes centrarte en todas las cosas buenas de tu vida
  • ¿y que estás haciendo para superarlo?
  • ¿Por qué no vas al gimnasio, o a yoga, o a terapia…?

Estas recomendaciones -de buena voluntad- pueden hacer sentir a quien las recibe como que no está trabajando lo suficiente, que está haciendo algo (o no haciendo algo) que está provocando o manteniendo el malestar. Como psicóloga, admito que, a veces es fácil caer en esta trampa y en el error de las soluciones precipitadas.

No hay más que navegar durante 10 minutos por internet o darse una vuelta por un kiosco de prensa, para verse desbordado/a por la cantidad de artículos y/o revistas que ofrecen soluciones “fáciles” a nuestros problemas: “Cinco cosas que te harán feliz para siempre!”; “las 10 claves del secreto del éxito”; “la fórmula de la felicidad”… Son sólo algunos ejemplos de los muchos “remedios” que pretenden evitarnos el sufrimiento y garantizarnos la felicidad y el éxito en la vida.

El problema de este suministro de soluciones es que pueden, sin querer, culpar a la gente por su sufrimiento. El mensaje es: “¿No se supone que siente mal? Pues venga! ahora vaya y haga algo al respecto!”.

Así, en lugar de escribir otro post sobre lo que puede hacer de otra manera, yo quería simplemente recordar que Tienes derecho a sentirte mal! Sin sentirte mal por el simple hecho de estar sintiéndote mal -valga la redundancia-.

La angustia, la tristeza, los errores y los problemas van a suceder inevitablemente, y no siempre tienen porqué significar que se hizo algo de manera equivocada o que no se debe sentir de esa manera. Quieren decir que tú, como yo, como todos/as eres humano/a.

Pero…. ¿Se puede intentar ser un poco más feliz cada día?

No tengo duda de que es posible ser un poco más feliz cada día, pero para ello debemos pararnos unos minutos y saber saborear cada segundo como nunca antes lo habíamos hecho.

La base para ello, desde la orientación de la terapia Gestalt, está principalmente en “el ahora”; en intentar disfrutar de cada momento sin hacer caso de todas esas preocupaciones que se pueden presentar en nuestro día a día.

Por ejemplo, determinadas técnicas de meditación o de relajación pueden ser útiles a la hora de relajarnos y empezar a no tener tan presentes todas esas cuestiones que pueden llegar a preocuparnos en exceso.

Algunas sugerencias…

  • Evita preocuparte por cuestiones que, realmente, no tienen tanta importancia. En este sentido, plantéate lo siguiente: ¿eso que tanto me preocupa me preocupará dentro de un año?.
  • Recuerda que si algo tiene solución, puedes ocuparte en solucionarlo. En caso contrario, ¿de qué sirve preocuparse?
  • Comienza a disfrutar por esas pequeñas cosas que te brinda la vida. Es fácil y sencillo si te lo planteas, y además no cuesta nada.
Fuentes: