La felicidad depende de tu relación contigo mismo/a más que de cualquier otra cosa

En cierta ocasión, durante una cena de empresa de esas que se llevan tanto estos días, se encontraban conversando la pareja del Director General y algunas de las esposas de los otros empleados, éstas útimas le preguntaron con cierto morbo a la primera: ¿Tu marido te hace feliz?

El Director General, que en ese momento no estaba su lado pero sí lo suficientemente cerca para escuchar la pregunta, prestó atención a la conversación, se incorporó ligeramente en la silla, en señal de seguridad, pues sabía que su  esposa diría que sí, ya que ella jamás se había quejado durante su matrimonio. Sin embargo, para sorpresa suya y de los demás, la esposa respondió con un rotundo “No, no me hace feliz”

En la sala se hizo un incómodo silencio como si todos los presentes hubieran escuchado la respuesta de la mujer. El Director estaba petrificado. No podía dar crédito a lo que su esposa decía, y menos en un momento como aquel. Ante el asombro del marido y de todos, ella simplemente se acomodó en la silla y continuó:

 “No, él no me hace feliz…Yo soy feliz…! El hecho de que yo sea feliz o no, no depende de él, sino de mí. Yo soy la única persona de quien depende mi felicidad”

Si antes de continuar leyendo te preguntase ahora “¿Eres feliz?” ¿qué contestarías? 

RECUERDA: la felicidad depende de tu relación contigo mismo/a más que de cualquier otra cosa

Y… ¿CÓMO PUEDO POTENCIAR ESA RELACIÓN SATISFACTORIA CONMIGO MISMO/A?

 Una manera podría ser siguiendo la Regla de las 3 “P”

1. PLACER: Busca tus actividades placenteras, ¿Cuáles son tus hobbies? ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre? Deja de decir “si tuviera tiempo” o “cuando tenga tiempo haré…” y empieza a dedicarte unos minutos al día o unas horas a la semana, para hacer aquello que te gusta hacer -y que siempre pospones o aplazas- para hacer lo que tienes que hacer.  

Sé tan estricta/o contigo y con tu tiempo para ti, como lo eres para con el tiempo que dedicas a los otros.

Recuerda que la Felicidad no es la meta, sino el camino

2. PASIÓN: Está claro que quizá no puedas hacer todo lo que te apasiona, pero sí puedes poner pasión en todo lo que haces. La pasión y la ilusión en todo lo que haces en tu vida personal y profesional son claves de esa felicidad que todas/os buscamos. La pasión define la excelencia de tu trabajo. Seguramente al leerlo pienses que no se puede poner pasión en aquello que no te gusta, o en aquello que haces por obligación, pero la experiencia me dice que encontrar cuál es el sentido de lo que haces, ayuda a encontrar la pasión necesaria para hacerlo. Quien no pone pasión en lo que hace pone desidia y la desidia conduce inequívocamente a una vida vacía. La pasión da fuerza, energía, postiviza lo negativo y pone el ímpetu que se necesita para vivir cada cosa de una forma especial. Yo no podría, no sabría vivir sin poner pasión en todo lo que hago y la pasión puesta en pequeñas cosas, suele dar grandes dosis de satisfacción personal.

Pon todo tu corazón, toda tu mente y toda tu alma en todo lo que hagas

 3. PERSONAS – Dedica tiempo a estar con personas que te ofrecen crecimiento personal y que también proporcionan valor a tu vida. Dedica tiempo y comprométete en hacer crecer las relaciones que mantienes con las personas que te importan, amplía tu círculo social y disfruta de la compañía de otros.

Ayudar a otras personas desinteresadamente también eleva nuestros niveles de felicidad. Son numerosos –tanto que merecerían un post aparte- los estudios que han demostrado que hay una relación causal entre ayuda y felicidad. Si te paras a pensar verás que si alguna vez has cuidado/atendido/escuchado a alguien te sentiste reconfortado/a y satisfecho/a contigo mismo/a; además escuchar activamente o atender a otros nos hace olvidarnos de nuestros problemas momentáneamente; incluso –no sé si os habrá pasado alguna vez- simplemente observar a otros ayudar nos emociona y nos hace sentir felices.

Cuando eres un faro para otros, iluminas tu propio camino

No busques la felicidad en lugares donde ésta no se encuenta.

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“Indudablemente, nadie se ocupa de quien no se ocupa nadie” (T. Jefferson)

El que pudiendo no favorece al que está en peligro, ayuda a matarlo (Séneca)

Seguramente la mayoría de vosotras/os, como yo, habéis visto en los últimos días un video que, como mínimo os habrá puesto los pelos de punta o al menos habrá hecho que abráis los ojos como platos. Me refiero al video que nos muestra la escena de una niña de 2 años, atropellada varias veces por una furgoneta. Por si esta escena no resultase ya escalofriante de por sí, el video también nos muestra cómo la niña permanece inconsciente, tendida en el suelo, mientras varios viandantes pasan por su lado sin prestarle ningún tipo de ayuda.

(advierto que las imágenes pueden herir la sensibilidad de algún/a lector/a)

En alguno de los momentos en que este video era retransmitido en televisión, me encontraba viendo las escenas acompañada de gente,  y eran frecuentes los comentarios del tipo: “¿A dónde hemos llegado?”, “nos estamos volviendo locos”, “la sociedad está perdiendo sus valores”. Y claro… yo, mientras tanto, no podía evitar pensar que este tipo de comportamientos no es nada nuevo, no tiene nada que ver con nuestro momento actual, no tiene nada que ver con “la sociedad del siglo XXI” es un comportamiento estudiado desde hace mucho tiempo desde la Psicología Social…  Enseguida me vino a la cabeza el caso de Kitty Genovese: Mientras un solo hombre atacaba y apuñalaba a Kitty Genovese durante unos 45 minutos, 38 testigos que presenciaron el incidente, no hicieron nada por evitarlo. ( click si quieres más información) Este suceso inició toda una investigación sobre la “conducta de ayuda” y dio lugar al conocido en psicología como “efecto espectador”.

En el momento del asesinato de Kitty Genovese (1964, curiosamente plena época hippy) la opinión social era exactamente la misma que en estos días: “la sociedad se está deshumanizando”, “el hombre moderno es un hombre egoísta”… y los psicólogos sociales empezaron a investigar sobre cuáles son los factores que favorecen u obstaculizan la conducta de ayuda (Latané y Darley, 1968). Los resultados que se derivaron de esta investigación, y de las que vinieron después, son perfectamente aplicables ahora al caso de la niña atropellada, o al de las peleas callejeras en las que nadie interviene, o al de las palizas a vagabundos que nadie frena, o al de la vecina que grita en lo que parece un caso de violencia de género que nadie denuncia… (si nos damos una vuelta por san google encontramos casos reales que lo ejemplifican)

Una de las conclusiones más evidentes de las investigaciones en este campo, tiene que ver con la “dilución de responsabilidad“.  Los investigadores encontraron que la ayuda tiene lugar sólo cuando el potencial donante de la ayuda se considera responsable de lo que  suceda. Encontraron que, las personas se sienten responsables de lo que sucede, cuando se encuentran solas ante la escena que requiere de su ayuda (y en el 100% de los casos la prestan). Sin embargo, cuando hay otros testigos presentes, la persona diluye su responsabilidad bajo la creencia de que “los otros ayudarán”.

Las investigaciones posteriores han encontrado que también entran en juego otros factores a la hora de decidir prestar ayuda o no. Entre otros se encuentran:

  • La disponibilidad de tiempo: un curioso experimento de Darley y Batson (1977) llevado a cabo con seminaristas, demostró que aquellos seminaristas que llegaban tarde a dar un sermón (curiosamente sobre la parábola del buen samaritano) no se paraban a ayudar a un viandante que caía desplomado frente a ellos, mientras que aquellos que llegaban con tiempo de sobra a dar su sermón, sí lo hacían.
  • Las características de la víctima: tendencia a ayudar a aquellas personas que nos resultan similares (edad, raza, estatus, sexo,…) siempre y cuando consideremos que la persona no es responsable de la situación que está viviendo por la que necesita ayuda (Los “él/ella se lo ha buscado” son malos predictores de la conducta de ayuda)

Os dejo otro video donde se replica un experimento de este tipo:

Curiosamente en el caso de la niña atropellada, la única persona que prestó ayuda -a diferencia de los 18 testigos que la vieron- fue una indigente… ¿lo hizo por su propia experiencia de que “los otros” nunca ayudan?