La felicidad, muchas veces, consiste en percibirse a sí mismo sin miedo (W. Franklin)

¿cuándo fue la última vez que buscaste un momento de tranquilidad y silencio contigo mismo/a?

El silencio es algo más que no hablar, es bloquear nuestro pensamiento (siempre activo y disparado) para dejar que surja la intuición y el conocimiento profundo, que proviene de los sentimientos, del corazón por encima de la razón.

En la soledad también nos enfrentamos a nuestras sombras, a nuestros miedos. Es entonces cuando se necesita la valentía para mirarse al espejo con honestidad y humildad. Somos una mezcla enorme de virtudes y bajezas, pero ser conscientes de estas últimas no debería servir para hundirnos, sino para hacernos más humildes y mejorar esos aspectos en aras de parecernos a la persona que queremos ser. De la misma manera que ser conscientes de nuestras virtudes es un paso indispensable en el camino hacia nuestro “yo ideal”.

La gente suele pensar que es más importante conocer nuestros defectos que nuestras virtudes, pero esto no es cierto, ambas cosas son igualmente importante, no existen la una sin la otra. Además, si no las conocemos (y nos las re-conocemos) no las potenciaremos, y con el tiempo se atrofiarán y dejarán de ser virtudes. Hay que conocer los puntos fuertes para potenciarlos y mantenerlos, y los puntos de mejora para trabajarlos y minimizarlos.

“La verdadera grandeza del ser humano está en lo que es capaz de dar de sí mismo”

La ventana de Johari es una herramienta utilizada ampliamente por los/as psicólogos/as para facilitar el autoconocimiento y mejorar nuestras relaciones con los demás. Esta herramienta permite conocer cuánto de nosotros conocen los demás o en qué grado nos conocemos a nosotros mismos. Todo ello dividido en cuadrantes. Concretamente en cuatro:

  • Zona abierta o libre: La parte de nosotros mismos que los demás también ven. Información que comparto con los otros sobre mi. Opiniones y sentimientos que expreso libremente.
  • Zona ciega: Lo que los otros perciben de nosotros, pero nosotros no. Impresiones que causo en los otros a través de mis acciones, gestos, actitudes… aunque yo no sea consciente de ellas.
  • Zona oculta: La parte que deliberadamente oculto de mi a los demás. Lo que yo sé de mi pero no quiero compartir.
  • Zona desconocida: Aquello que desconozco de mi mismo/a y que los demás tampoco conocen. Componen esta zona los instintos, los deseos reprimidos, las experiencias olvidadas…

El verdadero ejercicio de autoconocimiento, además de la propia autorreflexión crítica, consiste en obtener información de los demás para reducir mi zona ciega y ampliar la zona libre, para tener más información sobre la imagen que doy a los demás. No podemos cambiar lo que no se ve, así que la información que nos brindan los demás es imprescindible para conocer aquellas cosas que transmitimos y que no somos conscientes, y valorar si queremos seguir manteniéndolas o queremos que dejen de formar parte de nuestra imagen.

Pero, siendo realistas, no es fácil aceptar la zona ciega. No nos resulta sencillo asumir de buen grado la impresión que los demás tienen de nosotros… pero no se trata de juzgar si están en lo cierto o no con esa impresión, se trata de decidir si quiero seguir causándola…

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“El que se guarda un elogio, se queda con algo ajeno” (Picasso)

Cuando te conviertes en un faro que ilumina el camino de las otras personas, acabas iluminando tu propio camino.

Todas las personas necesitamos sentirnos aceptadas, reconocidas, valoradas, apreciadas, queridas…  y mantener relaciones gratificantes con las que nos rodean, necesitamos en definitiva CARICIAS EMOCIONALES

Una mirada cómplice, una pregunta oportuna, aquel mensaje que te arranca una sonrisa, una cena improvisada cuando llegas cansada/o, que te perdonen un mal día, escuchar mil veces la misma anécdota y reír como la primera vez, una llamada desde lejos, unas risas a tiempo, un abrazo cuando más lo necesitas, un silencio que no incomoda, una nota de buenos días junto a la taza de desayuno, confidencias tomando una cerveza, llorar abrazado/a a alguien… pequeños- grandes motivos para sentirte feliz y agradecida/o por el regalo recibido, por la caricia emocional…

Nuestra naturaleza básica pide abundantes caricias, por tanto, darlas y recibirlas debería ser sencillo y placentero; sin embargo, muchas veces tropezamos con dificultades.

Desdichadamente, las caricias no siempre fluyen libremente, ni siquiera entre las personas que se aman. (¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a tu madre, padre, hermano/a “te quiero”, “te admiro”…?)

Proporcionarnos caricias es difícil. Pero no es sólo difícil dar caricias, si no que a veces nuestra principal dificultad está en recibirlas y aceptarlas.

¿qué sueles responder ante un elogio a tu trabajo, a tu apariencia, etc…? Quizá cosas como “no es para tanto”, “exageras”, “me miras con buenos ojos”…

Responder así es exactamente igual que rechazar un regalo que alguien te entrega con toda su ilusión, buscando agradarte.

Pero… ¿por qué respondemos así?

Ideas Irracionales que nos impiden acariciar y dejarnos acariciar 

Me impide acariciar: 

  • ¿Qué pensará si le digo esto?
  • ¿Y si me malinterpreta?
  • ¿Y si piensa otra cosa?
  • Total, ya sabe que es buena en esto
  • Total, ya sabe que la/lo quiero
  • Si muestro mis emociones me hago más vulnerable, me muestro débil

Me impide dejarme acariciar: 

  • Si me conociera bien no diría eso
  • Me mira con buenos ojos
  • Quiere algo de mi
  • No es para tanto, hay otras personas mejores
  • Cualquiera lo haría, no tiene mérito

Creemos que aceptar una caricia es un acto de soberbia, en realidad es un ACTO DE HUMILDAD.

Agradecer las caricias implica reconocer que las necesitamos y supone un acto de reconocimiento y agradecimiento ante el regalo del/a otro/a

Y además todo son ventajas!!!

Cuando se da una caricia emocional:

  • Se ayuda a los demás a que se sientan bien consigo mismos.
  • Los demás van a saber lo que te gusta de ellos.
  • Te sentirás bien porque serás capaz de decir algo agradable a otra persona.

Al aceptar caricias emocionales:

  • Harás saber al que lo hace que aprecias lo que dice.
  • Puedes saber lo que a los demás les gusta de tí.
  • Te puedes sentir bien contigo mismo.

 No aceptar/dar caricias emocionales sólo tiene desventajas

De no aceptar caricias emocionales:

  • Te sentirás mal contigo mismo
  • Te menospreciarás a ti mismo
  • Los demás se sentirán mal porque no valoraste sus opiniones o sentimientos

De no proporcionar caricias:

  • No dirás las cosas agradables que en realidad quieres decir.
  • Los demás no sabrán qué es lo que te gusta de ellos.
  • Es posible que los demás piensen que no te caen bien.

Una cosa es estar vivo/a; otra bien distinta es vivir la vida (Erich Fromm)

“Cuanto más te enfocas en el tiempo pasado y futuro, más te pierdes el ahora. Ahora es todo lo que hay; lo único que hay. El presente es el espacio dentro del que se despliega tu vida, el único factor que permanece constante. La vida es ahora. No ha habido nunca un momento en que tu vida no fuera ahora, ni lo habrá jamás.”  ECKHART TOLLE.

El Aquí y el Ahora son la base de la Psicología de la Gestalt. El concepto hace referencia al trabajo con el momento presente. Toda experiencia ocurre y transcurre en el aquí y ahora. Pero, en general, no estamos en contacto con el momento presente y, por lo tanto, vivimos en una fantasía socialmente acordada, anclada en el pasado o proyectada hacia el futuro, pero una fantasía al fin y al cabo

Nuestra cultura en particular fomenta el pre-ocuparse y no el ocuparse y de esa manera niega el momento presente

Estamos habituados/as a tener la atención dirigida hacia afuera, para percibir con la mente todo aquello que es exterior a  nosotros/as.

Dejamos que nuestra mente interprete cómo es el mundo y cómo somos nosotros/as mismos/as. Viajamos al pasado a recorrer una y otra vez aquellos eventos donde nos quedamos atascados/as, aquello que no resolvimos, aquello que no funcionó. Repasamos el dolor y reproducimos diálogos interminables de lo que podríamos haber hecho (o no hecho) y lo que deberíamos haber dicho (o callado)… Y luego nos pasamos la vida anhelando ser aquello que no somos, tener aquello que no tenemos y sufriendo porque nuestra mente también decide que no podemos alcanzarlo antes de ponerse a intentarlo.

Es fundamental vivir cada minuto, cada “ahora” como el momento más importante de la vida, esa manera de vivir será la única que nos asegure el disfrute durante el camino. De esa manera viviremos plenamente y con conciencia de lo que hacemos, de con quién y dónde estamos…

“Muchas personas se pierden

las pequeñas alegrías de la vida,

mientras aguardan la Gran Felicidad”

(Pearls S. Buck)

Cuando trato el tema de la atención a pacientes terminales, siempre surgen comentarios a cerca de cómo las personas que ven cercano el final de sus vidas comienzan a aprovechar más el tiempo, a saborear cada segundo de manera más intensa. Hacen especial lo cotidiano! 

Pero… ¿por qué esperamos tanto para disfrutar de lo cotidiano?

Podemos empezar desde hoy mismo a sorprendernos y emocionarnos con las pequeñas maravillas de la vida, a darnos cuenta desde ya que cada día está lleno de cosas especiales, de personas que comparten minutos, días o años que llenan cada día de significados.

No se trata de acelerar la vida ni de comenzar una batalla contra-reloj, se trata de vivir cada momento con serenidad, equilibrio y disfrutar de cada aprendizaje que podemos extraer.

“ACUÉRDATE DE PREGUNTARTE SIEMPRE A TI MISMA/O: 
¿QUÉ PUEDO APRENDER DE ESTO?
LA RESPUESTA QUIZÁ HAGA QUE CADA EXPERIENCIA VALGA LA PENA”

Este minuto que estás empleando en leer es único. Es uno de los miles de millones de minutos de los que está compuesta nuestra vida. El próximo minuto es fruto de tus decisiones de este minuto. Puedes dedicarlo a pensar en los minutos que ya pasaron o a imaginar cómo serán los minutos siguientes… o hacer algo con ESTE minuto. Tú decides dónde enfocar tu energía…

Hagamos una pausa y llenemos de experiencia cada minuto

Fuentes:

Perls, F. (2007) Terapia Gestalt. Pax Mexico

Galindo, L., Kogan, M. (2010) El próximo minuto. Madrid: Plataforma Ed.

Lo que crees es lo que creas (A. Rovira)

“El sentido de las cosas no está en las cosas mismas, sino en nuestra actitud hacia ellas”(A. de Saint Exupery)

Dicen que la actitud es el prisma a través del cual filtramos la realidad, pero su efecto (el de las actitudes) no queda ahí. La actitud con la que observamos nuestra realidad, la actitud con la que interpretamos los hechos, repercute directamente sobre las acciones que emprendemos (o que reprimimos) y, por consiguiente, sobre los resultados que obtenemos.

Podríamos hablar, muy en general, de 3 tipos de actitud ante la vida:

  • La actitud OBSERVADORA: Actitud habitual de personas que prefieren evitar riesgos, que viven siendo un espectador/a de lo que sucede a su alrededor, sin implicarse más allá de lo estrictamente necesario. La persona con actitud observadora prefiere que sean “los otros” quienes resuelvan las cosas, quienes cambien, quienes se impliquen… Hablaríamos, en general, de personas que viven con cierta indiferencia, con altas dosis de negatividad y de reactividad ya que tienden a pensar que no tienen control sobre su vida.

“La indiferencia es la que ha permitido a las piedras permanecer inmutables durante millones de años” (C. Pavese)

  • La actitud CRÍTICA: Las personas con una actitud crítica sienten predilección por las frases del tipo “ya lo advertí” o “sabía que ocurriría”. Además son especialistas en quejarse de todo lo que no funciona, de lo que va mal, de lo que falta… y tienen claro que todo esto tiene que ver con el “mal hacer” de los otros, el problema siempre son los demás. Dada esa tendencia a atribuir las responsabilidades a los otros, también poseen una alta percepción de falta de control sobre su vida, como los/as observadores/as

“Si quieres crecimiento y unión en tus relaciones, no trates de modificar a los demás, en todo caso, modifica tu forma de ver las cosas” (Bob Mandel)

  • La actitud ACTIVA: Es la actitud de las personas que aprenden de cuanto sucede a su alrededor. Tienen interés por extraer algún aprendizaje de todo lo que sucede en sus vidas y en las de las demás; interés por crecer permanentemente. Sienten ilusión y entusiasmo por ser los protagonistas de su vida. Son expertas en ver lo bueno de cualquier circunstancia, de cualquier cambio, de cualquier imprevisto. Creen firmemente que un error es una oportunidad única para aprender. Como constructores de su propia vida, creen que el control sobre ésta está en sus manos.

“Hay quien cruza el bosque y no ve leña para el fuego” (Tolstoi)

¿y tú? ¿cuál es tu actitud?

Aunque no existe una actitud “pura”, sí existen tendencias bastante arraigadas a utilizar una más que las otras. Y, evidentemente, esta tendencia está condicionada por distintos factores; a pesar de eso… ¡buenas noticias! tenemos la última palabra, podemos elegir por qué actitud optamos.

“Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor,siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.” (V. Frankl)

y… ¿cómo puedo “positivizar” mis actitudes?

En realidad parece más difícil de lo que es. No digo que sea sencillo, pero es posible. Podemos “desaprender” nuestras antiguas actitudes y sustituirlas por otras que nos ayuden a influir más positivamente en nuestra vida. Podemos aprender a pensar en positivo.

Y… al respecto de esto… ¡ojo! pensar en positivo no tiene nada que ver con ser ingenuo/a. Pensar en positivo no está reñido con ser realista y objetivo/a; pero sí está reñido con ser pasivo/a y con el rechazo a buscar soluciones.

Se trata de elegir con qué ojos miramos

Bien, pero… ¿cómo?

No existen fórmulas mágicas, pero determinadas conductas pueden favorecer la transformación de nuestras actitudes en actitudes más positivas.

  • contempla todas las situaciones que vives como oportunidades de aprendizaje.
  • usa contigo un lenguaje motivador: “puedo…”, “escojo…”, “me ilusiona…”, “me encanta…”, “soy feliz con…”
  • distingue lo positivo de lo negativo, sin inventarlo, con la máxima objetividad.
  • no le des vueltas al pasado, ¡ya es historia! no puedes cambiarlo, sólo aprender de él; una vez extraído el aprendizaje, deja de pensar en él.
  • no temas al futuro, está por llegar. El futuro depende de lo que hagas hoy, ahora, en el próximo minuto.
  • disfruta del presente, es lo único que puedes asegurar que tienes ahora, aquí y ahora.

“el ser humano no es libre de elegir sus circunstancias, pero sí de elegir qué actitud toma respecto a ellas”


Fuente:
Galindo, L., Kogan, M. (2010) El próximo minuto. Madrid: Plataforma Ed.

Déjalo ir…!

Algunas veces tienes que dejar ir las cosas para que otras cosas nuevas, más útiles, más satisfactorias, o simplemente más ajustadas a tus necesidades de ahora, tengan cabida en tu vida.

Dejar ir puede ser difícil -la mayor parte de veces lo es- pero también puede ser muy positivo, liberador y gratificante.

Quizá algunas de estas cosas te den pistas sobre tu necesidad de “dejarlas ir” para permitirte disfrutar de otras cosas cuyo lugar están ocupando:

  • La culpa: ¿Puede la culpa cambiar la situación? ¿Puedes invertir el tiempo y cambiar el pasado? Si la respuesta es ¡NO! entonces la culpa no tiene ninguna razón de ser, no tiene ninguna utilidad. Déjala ir y sólo piensa en lo que sea que te hace sentir culpable y utilízalo como una lección aprendida.
  • Los pensamientos negativos: El pensamiento negativo (irracional) es una de las peores armas con las que puedes atacarte. Un pensamiento negativo nos lleva a otro, lo que conduce a un efecto de bola de nieve que al final no puedes controlar.Presta mucha atención a tus pensamientos al notar sus emociones. Detente en el “aquí y ahora” con más frecuencia y date cuenta de lo que estás sintiendo y de cómo lo estás pensando. Recuerda que no puedes elegir tus emociones, pero siempre puedes elegir la manera de pensar sobre ellas.
  • La Necesidad de aprobación: Deja de tratar de obtener la aprobación de los demás constantemente, porque además es una batalla perdida antes de comenzarla.Acepta que no puedes complacer a todos y céntrate en complacerte a ti misma/o. Lo que los otros piensan no importa, tu vida sólo tiene que ver con cómo “te” sientes. 
  • Rencor: Todo el mundo lo ha sentido en algún momento. Todas/os nos hemos sentido heridas/os en algún momento, pero preservar el rencor sólo consigue que nos resulte imposible dejar de recordar esa herida. Déjalo ir y avanza. Tener rencores no cambia el pasado, pero puede tener un gran impacto en el futuro. 
  • La Dilación/ Postergación: Detente! Si hay algo que hay que hacer, hazlo. Aprende a diferenciar entre urgente e importante. Márcate plazos y comprométete contigo mismo/a. 
  • Las Limitaciones: Tus limitaciones son las que tú decides, si dudas de que puedes hacer algo o estás convencido/a de que vas a fracasar en sus intentos, no tengas ninguna duda de que fracasarás. Dejar de ponerte límites antes de intentar alcanzar tus metas. Tus limitaciones autoimpuestas son lo único que te detiene para lograr sus metas. “Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes estarás en lo cierto” (H. Ford). Y no confundas -como tanta gente- ser negativa/o con ser realista. Puesto que ser realista implica ver, en la misma proporción, oportunidades y obstáculos. La diferencia entre hablar de obstáculos o límites es determinante: el obstáculo se salta, se sortea; el límite te frena, te impide dar un paso más.

Un pequeño cambio ahora puede significar grandes cambios en el futuro… y si no, piensa: ¿Qué cambios has hecho en tu vida que han cambiado la manera en que vives?; ¿Cuáles son algunas de las cosas de tu vida que necesitas dejar de lado para seguir avanzando?; ¿Qué te impide vivir una vida más positiva, más satisfactoria, más coherente con la que quieres vivir?

Fuente: http://inspiredeverymoment.wordpress.com/2011/10/23/10-things-you-must-let-go-of-today/

Sobre el coraje de seguir tus intuiciones para encontrar lo que amas

En un día como hoy, en el que la mayoría de nosotras/os hemos desayunado leyendo la noticia del fallecimiento de Steve Jobs, y en el que medios de todo tinte ideológico nos han recordado (o descubierto) las genialidades de este empresario, quería aprovechar la coincidencia de mi post semanal para reflexionar sobre lo que por mi formación verdaderamente me interesa: el hombre, no el empresario, no el cofundador de Apple, no el genio creativo… sino EL HIJO, EL COMPAÑERO, EL TRABAJADOR, EL MORIBUNDO… EL HOMBRE

Cualquiera que se acerque brevemente a la biografía de este hombre descubrirá pronto que, para él, ni los inicios de lo que finalmente fue, ni mantenerse en lo que ha sido, fueron fáciles. Quizá llame también la atención comprobar cómo el rechazo es una constante en su vida, desde el momento en que sus padres biológicos lo entregan en adopción hasta el momento en que la empresa -a la que años después elevaría hasta lo más alto- rechaza sus extravagantes innovaciones.

Un hombre que llegó a ser quien fue por la pasión, por la fe en sí mismo y en sus ideas, aunque fuesen rechazadas por la mayoría. Un hombre con los objetivos claros y con la sencillez del budismo que practicaba aplicado a todo aquello con lo que contactaba.

Podemos, por supuesto, diferir o criticar su modelo de negocio, podemos discrepar de las motivaciones del Steve empresario, eso es incuestionable; pero criticar o cuestionar la filosofía de vida o las motivaciones “del hombre” quizá sea poco justo. Nada mejor que sus propias palabras puede definir esta personalidad, para mi, exquisita (exquisita en su más amplia acepción).

Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre conectar los puntos.

Todo lo que aprendes hoy te puede servir varios años hacia adelante, por más insignificante que te pueda parecer lo que estás haciendo hoy, puede llegar a cambiar por completo el futuro. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.

Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.

Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido y fue devastador. No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado.

Esta es una gran lección sobre la resiliencia. A los 30 años Steve Jobs fue despedido de Apple, su propia compañía, y sin embargo él contaba cómo fue capaz de verle el lado positivo a lo sucedido y cómo fue uno de sus momentos más grandes de creatividad; luego fundó Pixar, sí la compañía de animación que creó “Toy Story”, “Monster’s Inc” y “Cars”.

A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes.

Mi tercera historia es sobre la muerte.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir a tu corazón.

No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros.

No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior.

Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición, ellos ya saben antes que tú lo que quieres ser.

En las tres historias permanece el vínculo común de su capacidad resiliente; sorprende la capacidad de Steve Jobs de contar su historia en positivo a pesar de todos los malos momentos que relata duranta, y creo que esa es la clave que él tuvo en su vida para ser exitoso. Porque la autoconfianza se construye de esta manera, aprendiendo a conectar los puntos de nuestra vida hacia atrás en positivo. Es esa visión plácida, optimista y mágica de la vida la que me asombra de Jobs. Me quedo con esto, con su consejo “encontrad lo que amáis”

«Cada día me miro en el espejo y me pregunto: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?”. Si la respuesta es “No” durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo».

Fuentes:

http://news.stanford.edu/news/2005/june15/jobs-061505.html

http://www.guioteca.com/crecimiento-personal/steve-jobs-un-ejemplo-de-crecimiento-personal/