Tú eres tus pensamientos

Cuando Siddharta el Buda dijo “tú eres tus pensamientos” no podía haber imaginado toda la avalancha de investigaciones y datos científicos que 2.500 años después avalarían su afirmación.

Los/as psicólogos/as parecen estar de acuerdo con que los problemas psicológicos y de insatisfacciones con la vida, surgen cuando el ser humano tiene sus necesidades básicas cubiertas y dispone de tiempo libre para pensar. El control de la mente, el ser dueño de la misma en lugar de ser su sirviente, se ha demostrado como la llave que abre la puerta de la felicidad. Lo que cada uno/a pensamos acerca de nosotros/as mismos/as, de las personas que nos rodean y del mundo en general, acaba convirtiéndose con mucha frecuencia en una profecía autocumplida. Proyectamos en el exterior nuestro mundo interior y la imagen que recibimos no es más que un reflejo de nuestra propia imagen.

Creemos ver el mundo tal y como es y en realidad lo que vemos es nuestro propio reflejo, el reflejo de nuestros  pensamientos, y la versión del “mundo” que hemos creado en nuestra propia cabeza.

Por ejemplo, numerosos estudios han demostrado que la autoconfianza, una convicción férrea de mis capacidades de logro, es el factor singular más determinante del éxito. No es más que una pequeña muestra del poder que nuestras convicciones, nuestros pensamientos e ideas acerca de la realidad, tienen sobre nuestro destino como personas.

La configuración de nuestra mente  fruto de la evolución de nuestra especie, no siempre nos ayuda a ser felices. Nuestra mente dispone de mecanismos que nos han ayudado a sobrevivir y progresar como especie pero que no son nada útiles si hablamos de su efecto sobre nuestra felicidad. Estos mecanismos- muy útiles para la supervivencia- se convierten, a su vez, en tendencias tóxicas que contribuyen a perturbar nuestra paz interior.

Nuestra mente es capaz de abstraernos en el tiempo, y con ello de recrear el pasado o pensar en el futuro,  hemos desarrollado la empatía, somos capaces de elaborar comparaciones mentales entre objetos y sentimos apego hacia lo que disfrutamos… estos cuatro ejemplos de nuestras capacidades mentales son cuatro herramientas muy útiles para la supervivencia. ¿Por qué? Porque, por ejemplo, la agricultura y la ganadería nacen de nuestra capacidad de prever acontecimientos futuros, la empatía nos empuja a ayudar al que lo necesita y así nuestra especie se perpetúa, comparar te permite realizar distinciones útiles para crear o para manejarte con las diferencias y el apego te hace querer conservar los bienes de los que disfrutas.

No obstante, esas ventajas se presentan como monedas de doble cara, y la cruz de las mismas es que con frecuencia perturban nuestra paz interior. El hecho de ser capaces de pensar en el futuro y prever acontecimientos nos hace vivir preocupados por posibles adversidades que quizá nunca ocurran. El hecho de haber desarrollado la capacidad empática nos hace vivir el sufrimiento de los otros. El ser capaces de hacer comparaciones nos lleva a tener sentimientos de frustración respecto a lo que otros tienen y/o son. El apego nos hace vivir con miedo a perder aquello que poseemos (o nos posee)

Nuestra mente ha sido configurada genéticamente para ayudarnos a sobrevivir, no para ayudarnos a ser felices, puesto que este no es el objeto de la evolución.

La tan ansiada búsqueda de la felicidad requiere de un esfuerzo persistente; pero estoy convencida de que en nuestra configuración mental también residen los recursos necesarios para acercarnos a ella, porque si alguna vez me he sentido en absoluta calma, si alguna vez he sentido la más absoluta sensación de felicidad, si alguna vez he sentido un amor absolutamente desinteresado hacia alguien, es porque disponemos de todo el equipamiento necesario para disfrutar de una vida plena.

Fuente
Planes, J. (2010) Revoluciona tu vida. Desata tu potencial.

“Casi todo lo que realice será insignificante, pero es muy importante que lo haga.” (Gandhi)

El bambú japonés posee características únicas e irrepetibles en su especie.

Si cualquiera de nosotros/as, desde nuestra inexperiencia como sembradores de bambú japonés, sembráramos una semilla de esta planta y siguiéramos todo el proceso de cuidado posterior de la misma, recibiríamos con sorpresa, que durante los primeros seis meses no sucede nada a nuestra vista, es más no sucede nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que nos llevaría a dudar si realmente hemos elegido la semilla adecuada o si hemos fallado en los cuidados posteriores. Muy probablemente la mayoría de nosotras/os acabaríamos deshaciéndonos de la semilla por creer que nunca crecería nada de ella.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de solo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros!
¿Tarda solo seis semanas en crecer?
No, la verdad es que ha necesitado siete años y seis semanas para desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años pero debido a lo que se desarrollo durante esos siete años y seis meses la caña de bambú logra obtener una cualidad única en su especie, pese a su gran altura puede llegar a doblarse pero no romperse.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizás por la misma impaciencia, muchos/as de aquellos/as que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es difícil convencer a la persona impaciente que sólo llegan al éxito aquellos/as que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. 

De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo y esto puede ser extremadamente frustrante. En esos momentos, recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y confiar en que sí está sucediendo algo, dentro nuestro… sin abandonar por no “ver” el resultado que esperamos.

Quienes no se dan por vencidos/as, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes…
quizá sólo estés echando raíces…

Sufrimos demasiado por lo poco que nos falta y gozamos poco por lo mucho que tenemos

Un padre y su hijo tenían hambre, por lo que decidieron irse a pescar en su pequeño barco. El padre ayudó a su hijo con el carrete y este pescó su primer pez.

– Gran pesca, hijo mío – dijo el padre.

– Sí, pero  quizás haya otro pez mejor – le respondió el hijo. – ¿Y si pudiera atrapar un pez más grande y más sabroso?

– Tal vez deberías intentarlo – fue la respuesta que obtuvo del padre.

Y así lo hizo el hijo de forma que capturó un pez aún más grande.

– Una verdadera belleza – le animó el padre.

– Pero probablemente ahí fuera hay peces aún más grandes.

– Quizás deberías volver a intentarlo – le respondió el padre.

El hijo se animó y capturó otro pez mayor y así prosiguió con su idea de pescar siempre un ejemplar de mayor tamaño y de carne más exquisita.

Al final del día el hijo se estaba exhausto y no había probado bocado por lo que el padre le preguntó: 

– ¿Te ha gustado el pescado?

– No lo sé. Estuve tan ocupado intentando pescar los mejores ejemplares que no tuve ni un segundo para probarlos.

¿En cuántas ocasiones nos hemos comportado como el hijo de esta historia?

Desgraciadamente muchas veces esperamos a saborear la victoria hasta que logramos otra meta aún más grande y más satisfactoria. Entonces asumimos decenas de metas y nuevos objetivos que demandan nuevos esfuerzos y que nos mantienen tan ocupados que no somos capaces de apreciar los pequeños logros ni de disfrutar del camino que emprendemos. Esperar un futuro mejor no es, definitivamente, la mejor manera de vivir el presente.
Aunque nuestra vida fuese el doble de larga, no podríamos visitar todas las ciudades del mundo, leer todos los buenos libros u obtener todas las metas que nos propongamos. Nuestra vida y nuestras capacidades son limitadas, por ende, en muchas ocasiones en vez de preocuparnos por aquello que nos estamos “perdiendo” sería mucho más inteligente concentrarse en lo que estamos “viviendo”.
Esto no significa que no debamos plantearnos metas nuevas y más desafiantes que nos permitan crecer como personas sino que debemos aprender a disfrutar del camino y a apreciar las cosas que tenemos a nuestra disposición en este mismo momento.

La felicidad no está en la meta, está en el camino

 

 

 

Fuente:
http://www.rinconpsicologia.com/2012/02/la-espera-de-un-futuro-mejor.html

La felicidad, muchas veces, consiste en percibirse a sí mismo sin miedo (W. Franklin)

¿cuándo fue la última vez que buscaste un momento de tranquilidad y silencio contigo mismo/a?

El silencio es algo más que no hablar, es bloquear nuestro pensamiento (siempre activo y disparado) para dejar que surja la intuición y el conocimiento profundo, que proviene de los sentimientos, del corazón por encima de la razón.

En la soledad también nos enfrentamos a nuestras sombras, a nuestros miedos. Es entonces cuando se necesita la valentía para mirarse al espejo con honestidad y humildad. Somos una mezcla enorme de virtudes y bajezas, pero ser conscientes de estas últimas no debería servir para hundirnos, sino para hacernos más humildes y mejorar esos aspectos en aras de parecernos a la persona que queremos ser. De la misma manera que ser conscientes de nuestras virtudes es un paso indispensable en el camino hacia nuestro “yo ideal”.

La gente suele pensar que es más importante conocer nuestros defectos que nuestras virtudes, pero esto no es cierto, ambas cosas son igualmente importante, no existen la una sin la otra. Además, si no las conocemos (y nos las re-conocemos) no las potenciaremos, y con el tiempo se atrofiarán y dejarán de ser virtudes. Hay que conocer los puntos fuertes para potenciarlos y mantenerlos, y los puntos de mejora para trabajarlos y minimizarlos.

“La verdadera grandeza del ser humano está en lo que es capaz de dar de sí mismo”

La ventana de Johari es una herramienta utilizada ampliamente por los/as psicólogos/as para facilitar el autoconocimiento y mejorar nuestras relaciones con los demás. Esta herramienta permite conocer cuánto de nosotros conocen los demás o en qué grado nos conocemos a nosotros mismos. Todo ello dividido en cuadrantes. Concretamente en cuatro:

  • Zona abierta o libre: La parte de nosotros mismos que los demás también ven. Información que comparto con los otros sobre mi. Opiniones y sentimientos que expreso libremente.
  • Zona ciega: Lo que los otros perciben de nosotros, pero nosotros no. Impresiones que causo en los otros a través de mis acciones, gestos, actitudes… aunque yo no sea consciente de ellas.
  • Zona oculta: La parte que deliberadamente oculto de mi a los demás. Lo que yo sé de mi pero no quiero compartir.
  • Zona desconocida: Aquello que desconozco de mi mismo/a y que los demás tampoco conocen. Componen esta zona los instintos, los deseos reprimidos, las experiencias olvidadas…

El verdadero ejercicio de autoconocimiento, además de la propia autorreflexión crítica, consiste en obtener información de los demás para reducir mi zona ciega y ampliar la zona libre, para tener más información sobre la imagen que doy a los demás. No podemos cambiar lo que no se ve, así que la información que nos brindan los demás es imprescindible para conocer aquellas cosas que transmitimos y que no somos conscientes, y valorar si queremos seguir manteniéndolas o queremos que dejen de formar parte de nuestra imagen.

Pero, siendo realistas, no es fácil aceptar la zona ciega. No nos resulta sencillo asumir de buen grado la impresión que los demás tienen de nosotros… pero no se trata de juzgar si están en lo cierto o no con esa impresión, se trata de decidir si quiero seguir causándola…

Las grandes mentes tienen objetivos, las demás deseos (W. Irving)

Después de 6 meses de andadura como neo-bloggera, toca el año a su fin y con él el último post de este 2011…

Hoy os dejo sólo un vídeo para la reflexión, la vuestra y la mía, y mis deseos más sinceros de que en el 2012 nos liberemos de nuestras excusas y miedos y encontremos el camino que nos conduzca directas/os a nuestros objetivos.

El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad en disfrutar lo que se obtiene.

El éxito tiene muchas caras… Para el/la estudiante significa tener ese título que durante años ha buscado para empezar a trabajar. Para el trabajador significa obtener la promoción o el reconocimiento esperado. Para una madre o un padre, el éxito incluye educar a sus hijos/as en valores, como personas seguras de sí mismas y satisfechas; cuando, sin embargo, a estos mismos hijos/as el éxito se les representa en forma de carné de conducir y coche a los 18 años.

El éxito, como vemos, es subjetivo, cada persona tiene su propia idea de lo que significa tener éxito en la vida o ser una persona exitosa. Sin embargo, es muy habitual que nos preguntemos de vez en cuando qué hacen algunas personas para lograr el éxito en lo que se proponen. Todos/as conocemos a alguien que parece que todo lo que emprende le resulta fácil de conseguir, de la misma manera que seguro que también conocemos a alguien a quien, sea lo que sea que emprende, nunca acaba obtenido resultados exitosos.

¿qué diferencia a las personas exitosas?

Si revisásemos la literatura existente sobre la psicología del éxito, veríamos que existen numerosas variables que han demostrado ser predictoras del éxito personal: Preparación, educación, experiencia, humildad, entrenamiento, tolerancia, perseverancia, contar con metas y objetivos claros, etc. todas aportan y suman elementos necesarios para lograrlo. Sí, todos estos y muchos otros elementos más contribuyen a darle forma a la psicología del éxito; pero si tuviera que elegir un ingrediente en común entre las personas exitosas lo resumiría en “SE LO CREEN”

Sí, las personas exitosas creen, confían, en su capacidad para alcanzar los objetivos que se proponen. La verdadera psicología del éxito consiste en creer en ti mismo/a y punto.

Las personas exitosas creen firmemente en que acabarán consiguiendo la meta propuesta, y se visualizan alcanzándola.

LA RELACIÓN ENTRE ÉXITO Y VISUALIZACIÓN

La visualización, es decir, el vernos a nosotros/as mismos/as alcanzando nuestras metas, da resultado cuando se utiliza de manera realista y acompañada de otras acciones. Funciona, y se utiliza con frecuencia, por ejemplo, por deportistas profesionales.

Lo cierto es que, antes de realizar un hecho, hay que crearlo mentalmente

“La mente precede al hecho”

Comparto con vosotras/os la historia de un hombre que obtuvo grandes éxitos profesionales gracias a su tremenda capacidad de visualizar sus sueños.

Se celebraba la inauguración de Epcot Center en la ciudad de Orlando, Florida. Habían pasado ya cinco años desde la muerte de Walt Disney, quien había concebido el proyecto, y había trabajado fuertemente para que se llevara a cabo.

Un reportero se acerco a Roy Disney, hermano de Walt, quien en aquel momento se encontraba al frente de la corporación, y le dijo: “Debe ser un momento difícil para usted; un día de gran alegría pero también de inmensa tristeza al ver que Walt nunca pudo ver culminado este parque, que era uno de sus grandes sueños”.

Roy sonrió, lo miró fijamente a los ojos, y respondió: “joven, está usted equivocado. Mi hermano Walt vio culminado este sitio. Y fue precisamente gracias a que lo vio culminado mucho antes de que se comenzara a construir, que hoy usted y yo lo estamos viendo”.

Roy ponía en evidencia algo que conocía bien. Se dice que Walt Disney fue capaz de realizar proyectos, precisamente porque era capaz de visualizarlos ya terminados cuando apenas eran una idea en su mente.

La idea de Disneylandia se le ocurrió mientras paseaba con sus hijas. Imaginó un gigantesco parque de diversiones para los niños, donde podrían encontrarse con los personajes de sus dibujos animados.

Cuando buscaba financiamiento, llevaba a los banqueros al lugar que había escogido en las afueras de Los Ángeles, California, y desde una colina cercana les indicaba con voz entusiasta dónde estarían las entradas, la calle principal y el castillo.

¿Lo puede ver? preguntaba. Y los desconcertados financieros trataban de imaginar lo que Disney veía ahí, en medio de aquel terreno baldío.

¿Qué ves tú en tu futuro? ¿Te puedes ver como una persona exitosa, próspera y feliz? ¿O tu visión es pesimista y ves problemas y dificultades que no puedes superar, que te conducen al fracaso y la infelicidad?


La visión que tienes de tu futuro es muy importante ya que las acciones que tomarás irán en concordancia con esa visión, y acabarán convirtiéndola en realidad.