Tú eres el motivo de casi todo lo que te sucede (Epícteto)

La última de las libertades humanas, la libertad esencial, aquella que nadie nos puede arrebatar, es la de elegir nuestra actitud, por difíciles, dolorosas o complejas que sean nuestras circunstancias.

(Victor E. Frankl)

Todo aquello que nos sucede puede verse como una oportunidad o una dificultad, como un reto o un obstáculo. Depende, únicamente de la actitud que tengamos ante lo que nos sucede.

La actitud, entendida como una tendencia, disposición o inclinación para actuar de determinada manera, es el sustento sobre el que se  apoyan nuestros pensamientos, nuestras acciones y, sobre todo, nuestras emociones. Valga el sencillo ejemplo del estudio de una carrera, si la actitud es favorable hacia ella, encontraremos pensamientos positivos referentes a ella; así como, emociones de simpatía y agrado por esos estudios.

Las actitudes son socialmente aprendidas y, en consecuencia, son modificables, sustituibles o prescindibles. De la misma manera que uno/a aprende a cambiar determinado comportamiento que tenía interiorizado por haber sido aprendido en su entorno familiar, por ejemplo, pero que no quiere mantener; las actitudes también pueden ser modificadas. Uno/a puede decidir qué actitud es la que elige para ir por la vida, la actitud para consigo mismo/a, para con la familia, para con la pareja, en el trabajo…

Las circunstancias, en sí mismas, no tienen la capacidad de ser buenas o malas; son como uno/a las quiera ver. Para algunos/as amigos/as la ruptura con su pareja fue el inicio de una nueva vida, para otros/as, sin embargo, fue el final de una vida. Para algunos/as la pérdida del trabajo fue la oportunidad de encontrar un trabajo en el que sentirse verdaderamente realizado/a, para otros/as fue el comienzo de una depresión.

La siguiente historia ilustra esta diferencia actitudinal…

Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo de agua a la entrada del pueblo. Un día, un joven se acercó y le dijo:

-Yo nunca he venido por estos lugares. ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?

El anciano le respondió con otra pregunta:

-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?

-Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allí.

-Así son los habitantes de esta ciudad – le respondió el anciano.

Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta:

-Voy llegando a este lugar. ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?

El anciano de nuevo le contestó con la misma pregunta:

-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?

-Eran buenos, generosos, hospitalarios y trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos…

-También los habitantes de esta ciudad son así – respondió el anciano.

Un hombre que había llevado sus animales a tomar agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó, le dijo al anciano:

-¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas?

-Mira – le respondió – Cada uno lleva el universo en su corazón. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo hallará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, encontrará también aquí amigos leales y fieles.

Porque las personas son lo que encuentran en sí mismas; encuentran siempre lo que esperan encontrar.

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Una cosa es estar vivo/a; otra bien distinta es vivir la vida (Erich Fromm)

“Cuanto más te enfocas en el tiempo pasado y futuro, más te pierdes el ahora. Ahora es todo lo que hay; lo único que hay. El presente es el espacio dentro del que se despliega tu vida, el único factor que permanece constante. La vida es ahora. No ha habido nunca un momento en que tu vida no fuera ahora, ni lo habrá jamás.”  ECKHART TOLLE.

El Aquí y el Ahora son la base de la Psicología de la Gestalt. El concepto hace referencia al trabajo con el momento presente. Toda experiencia ocurre y transcurre en el aquí y ahora. Pero, en general, no estamos en contacto con el momento presente y, por lo tanto, vivimos en una fantasía socialmente acordada, anclada en el pasado o proyectada hacia el futuro, pero una fantasía al fin y al cabo

Nuestra cultura en particular fomenta el pre-ocuparse y no el ocuparse y de esa manera niega el momento presente

Estamos habituados/as a tener la atención dirigida hacia afuera, para percibir con la mente todo aquello que es exterior a  nosotros/as.

Dejamos que nuestra mente interprete cómo es el mundo y cómo somos nosotros/as mismos/as. Viajamos al pasado a recorrer una y otra vez aquellos eventos donde nos quedamos atascados/as, aquello que no resolvimos, aquello que no funcionó. Repasamos el dolor y reproducimos diálogos interminables de lo que podríamos haber hecho (o no hecho) y lo que deberíamos haber dicho (o callado)… Y luego nos pasamos la vida anhelando ser aquello que no somos, tener aquello que no tenemos y sufriendo porque nuestra mente también decide que no podemos alcanzarlo antes de ponerse a intentarlo.

Es fundamental vivir cada minuto, cada “ahora” como el momento más importante de la vida, esa manera de vivir será la única que nos asegure el disfrute durante el camino. De esa manera viviremos plenamente y con conciencia de lo que hacemos, de con quién y dónde estamos…

“Muchas personas se pierden

las pequeñas alegrías de la vida,

mientras aguardan la Gran Felicidad”

(Pearls S. Buck)

Cuando trato el tema de la atención a pacientes terminales, siempre surgen comentarios a cerca de cómo las personas que ven cercano el final de sus vidas comienzan a aprovechar más el tiempo, a saborear cada segundo de manera más intensa. Hacen especial lo cotidiano! 

Pero… ¿por qué esperamos tanto para disfrutar de lo cotidiano?

Podemos empezar desde hoy mismo a sorprendernos y emocionarnos con las pequeñas maravillas de la vida, a darnos cuenta desde ya que cada día está lleno de cosas especiales, de personas que comparten minutos, días o años que llenan cada día de significados.

No se trata de acelerar la vida ni de comenzar una batalla contra-reloj, se trata de vivir cada momento con serenidad, equilibrio y disfrutar de cada aprendizaje que podemos extraer.

“ACUÉRDATE DE PREGUNTARTE SIEMPRE A TI MISMA/O: 
¿QUÉ PUEDO APRENDER DE ESTO?
LA RESPUESTA QUIZÁ HAGA QUE CADA EXPERIENCIA VALGA LA PENA”

Este minuto que estás empleando en leer es único. Es uno de los miles de millones de minutos de los que está compuesta nuestra vida. El próximo minuto es fruto de tus decisiones de este minuto. Puedes dedicarlo a pensar en los minutos que ya pasaron o a imaginar cómo serán los minutos siguientes… o hacer algo con ESTE minuto. Tú decides dónde enfocar tu energía…

Hagamos una pausa y llenemos de experiencia cada minuto

Fuentes:

Perls, F. (2007) Terapia Gestalt. Pax Mexico

Galindo, L., Kogan, M. (2010) El próximo minuto. Madrid: Plataforma Ed.

S.O.S emergencia emocional

“Caminar a solas es posible, pero el buen caminante sabe que el gran viaje es el de la vida, y -en algunos tramos- se necesitan compañeros/as”

Probablemente si hace unas horas no hubiese tenido lugar una interesante sesión formativa con futuras enfermeras, no hubiese escrito a cerca de lo que me encuentro escribiendo: a cerca de la relación enfermera-paciente, y más concretamente a cerca de cuáles son las competencias de la enfermera en esta relación.

El diálogo que me ha hecho cambiar la temática prevista de esta semana bien podría resumirse en lo siguiente:

  • Enfermera: Pero hay veces que los pacientes te quieren tomar el pelo… una noche una mujer me hizo acudir a su habitación para que le pasase las hojas de la revista que estaba leyendo… ¡qué cara más dura, eso no es respetable!
  • Yo: ¿de verdad crees que su intención era esa?, ¿que su necesidad verdadera al llamarte era esa?
  • Enfermera: No, supongo que no… ¡¡pero yo no soy psicóloga!!

Ante esta respuesta inmediatamente han ido conformándose una serie de ideas en mi cabeza.

Inmediatamente he pensado “yo tampoco soy enfermera, pero ante una situación de emergencia vital trataría de hacer algo por el paciente”; “si el hijo de mi amiga se atraganta, trataría de practicarle la maniobra de Heimlich; si mi pareja sufre un esguince inmediatamente trataría de buscarle hielo…y no! no soy enfermera…!! ¿porqué yo sí y tú no?, ¿acaso no es una situación de emergencia emocional?, ¿acaso pasa a un segundo plano la urgencia emocional?, ¿no son igualmente destructoras y dañinas las emergencias emocional y física?”

¿Hasta dónde llega la competencia enfermera…?

¿Seguimos formando profesionales sanitarios centrados en la atención a los síntomas físicos, somáticos…?, ¿Siguen nuestros futuros agentes de salud sin considerar que la ansiedad por la enfermedad bloquea la posibilidad de expresar sus temores o miedos por otras vías que no sean las llamadas de atención? Afortunadamente la cosa está cambiando, pero aún queda mucho por hacer…

Ingenuamente o no, sigo creyendo que en este ámbito cobra todavía más importancia el incluir las habilidades de relación enfermera/o y paciente en los currículos formativos. Es imprescindible que los/as formadores/as seamos capaces de transmitir la necesidad de que la enfermera sea el agente de salud que facilite a las personas que éstas adopten nuevas actitudes, sentimientos y comportamientos, que el paciente/cliente conozca otras posibilidades y obtenga una sensación de control sobre su enfermedad.

Los conocimientos necesarios para los cuidados de enfermería tienen que contemplar a la persona en sus esferas biológica, psicológica, espiritual y social. La enfermería, según las más antiguas (y las más recientes) teorías explicativas de sus fundamentos, defiende como razón de ser “la persona cuidada”. Afirman los teóricos que La relación con el paciente constituye el eje de los cuidados”… pero algo no me cuadra… en este contexto, ¿dónde queda la atención emocional al paciente en momentos de crisis?, ¿acaso las crisis emocionales no forman parte de “la persona cuidada”? En cualquier manual de fundamentos de enfermería podemos encontrar como objetivo número 1 de la enfermera la “detección de necesidades de salud del usuario”, ¿de qué estamos hablando con esas necesidades?, ¿el desahogo emocional no es acaso una necesidad?

La enfermera, y cualquier otro profesional de la salud, se olvida con demasiada frecuencia de cómo ve el paciente su propia situación, qué opina de los cuidados y de los tratamientos que se le ofrecen, qué significa para él su enfermedad. Por eso seguimos teniendo modelos de intervención en los que no se ha conseguido que se deje de llevar a cabo una “enfermería centrada en la enfermera” y se comience a hacer una “enfemería centrada en el paciente”. Esta relación no suele llevar a medio plazo a ninguna parte: el paciente se siente juzgado, incomprendido y más solo en su sufrimiento, y la enfermera tampoco se siente cómoda ni satisfecha con su trabajo ni con su trato con el paciente.

Para terminar, no puedo dejar de recordar aquella historia a cerca del “hombre de la ventana” que ilustra la esencia de esta filosofía de relación terapéutica.

Dos hombres ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital.
A uno se le permitía sentarse en una cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el liquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación.
El otro hombre tenia que estar todo el tiempo boca arriba.
Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones. Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior. La ventana daba a un parque con un precioso lago, patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad.

A medida que el hombre de la ventana describía esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación (el que estaba acostado) cerraba los ojos e imaginaba la edilicia escena.

Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras. Además, él mismo se sentía cada vez con más ánimos para recuperarse a fin de poder disfrutar de todo aquello que su compañero de la ventana le describía.

Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entro con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto placidamente mientras dormía.

Tan pronto como lo considero apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana.
La enfermera le cambio encantada y tras asegurarse de que el estaba cómodo, salió de la habitación.

Lentamente y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo para lanzar la primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo el mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama… y se encontró con una pared blanca.

Tremendamente sorprendido y frustrado el hombre pregunto a la enfermera qué podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana , “¿por qué se inventó cosas que no existen?”

La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y le indico:
“Quizás lo único que quería es que usted viese lo que usted deseaba ver… que usted encontrase sus propias vías de escape…”

Es una tremenda felicidad el hacer felices a los demás, sea cual sea su situación. La enfermera (el enfermero) tiene a su alcance todas las herramientas y recursos necesarios para convertirse en ese “hombre/mujer de la ventana” sólo es cuestión de actitud y de mirada, de ver a los pacientes de otra manera.

Lo que crees es lo que creas (A. Rovira)

“El sentido de las cosas no está en las cosas mismas, sino en nuestra actitud hacia ellas”(A. de Saint Exupery)

Dicen que la actitud es el prisma a través del cual filtramos la realidad, pero su efecto (el de las actitudes) no queda ahí. La actitud con la que observamos nuestra realidad, la actitud con la que interpretamos los hechos, repercute directamente sobre las acciones que emprendemos (o que reprimimos) y, por consiguiente, sobre los resultados que obtenemos.

Podríamos hablar, muy en general, de 3 tipos de actitud ante la vida:

  • La actitud OBSERVADORA: Actitud habitual de personas que prefieren evitar riesgos, que viven siendo un espectador/a de lo que sucede a su alrededor, sin implicarse más allá de lo estrictamente necesario. La persona con actitud observadora prefiere que sean “los otros” quienes resuelvan las cosas, quienes cambien, quienes se impliquen… Hablaríamos, en general, de personas que viven con cierta indiferencia, con altas dosis de negatividad y de reactividad ya que tienden a pensar que no tienen control sobre su vida.

“La indiferencia es la que ha permitido a las piedras permanecer inmutables durante millones de años” (C. Pavese)

  • La actitud CRÍTICA: Las personas con una actitud crítica sienten predilección por las frases del tipo “ya lo advertí” o “sabía que ocurriría”. Además son especialistas en quejarse de todo lo que no funciona, de lo que va mal, de lo que falta… y tienen claro que todo esto tiene que ver con el “mal hacer” de los otros, el problema siempre son los demás. Dada esa tendencia a atribuir las responsabilidades a los otros, también poseen una alta percepción de falta de control sobre su vida, como los/as observadores/as

“Si quieres crecimiento y unión en tus relaciones, no trates de modificar a los demás, en todo caso, modifica tu forma de ver las cosas” (Bob Mandel)

  • La actitud ACTIVA: Es la actitud de las personas que aprenden de cuanto sucede a su alrededor. Tienen interés por extraer algún aprendizaje de todo lo que sucede en sus vidas y en las de las demás; interés por crecer permanentemente. Sienten ilusión y entusiasmo por ser los protagonistas de su vida. Son expertas en ver lo bueno de cualquier circunstancia, de cualquier cambio, de cualquier imprevisto. Creen firmemente que un error es una oportunidad única para aprender. Como constructores de su propia vida, creen que el control sobre ésta está en sus manos.

“Hay quien cruza el bosque y no ve leña para el fuego” (Tolstoi)

¿y tú? ¿cuál es tu actitud?

Aunque no existe una actitud “pura”, sí existen tendencias bastante arraigadas a utilizar una más que las otras. Y, evidentemente, esta tendencia está condicionada por distintos factores; a pesar de eso… ¡buenas noticias! tenemos la última palabra, podemos elegir por qué actitud optamos.

“Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor,siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.” (V. Frankl)

y… ¿cómo puedo “positivizar” mis actitudes?

En realidad parece más difícil de lo que es. No digo que sea sencillo, pero es posible. Podemos “desaprender” nuestras antiguas actitudes y sustituirlas por otras que nos ayuden a influir más positivamente en nuestra vida. Podemos aprender a pensar en positivo.

Y… al respecto de esto… ¡ojo! pensar en positivo no tiene nada que ver con ser ingenuo/a. Pensar en positivo no está reñido con ser realista y objetivo/a; pero sí está reñido con ser pasivo/a y con el rechazo a buscar soluciones.

Se trata de elegir con qué ojos miramos

Bien, pero… ¿cómo?

No existen fórmulas mágicas, pero determinadas conductas pueden favorecer la transformación de nuestras actitudes en actitudes más positivas.

  • contempla todas las situaciones que vives como oportunidades de aprendizaje.
  • usa contigo un lenguaje motivador: “puedo…”, “escojo…”, “me ilusiona…”, “me encanta…”, “soy feliz con…”
  • distingue lo positivo de lo negativo, sin inventarlo, con la máxima objetividad.
  • no le des vueltas al pasado, ¡ya es historia! no puedes cambiarlo, sólo aprender de él; una vez extraído el aprendizaje, deja de pensar en él.
  • no temas al futuro, está por llegar. El futuro depende de lo que hagas hoy, ahora, en el próximo minuto.
  • disfruta del presente, es lo único que puedes asegurar que tienes ahora, aquí y ahora.

“el ser humano no es libre de elegir sus circunstancias, pero sí de elegir qué actitud toma respecto a ellas”


Fuente:
Galindo, L., Kogan, M. (2010) El próximo minuto. Madrid: Plataforma Ed.