Para alcanzar algo que nunca has tenido, tendrás que hacer algo que nunca hiciste

Como cada año, seguramente hace unos días te hiciste (una vez más) tus propósitos para este año. ¿qué ha sido esta vez: hacer dieta, apuntarte al gimnasio, dejar de fumar, trabajar menos, estudiar más…?

Y… ahora que han pasado 5 días desde el comienzo de año, ¿cómo vas con tus propósitos?, ¿qué has empezado a hacer para lograrlos (esta vez sí)?

Tanto sí ya lo has intentado otros años, como si es la primera vez que te lo propones; tanto si ya has empezado a hacer algo para lograrlo, como si lo estás posponiendo hasta, quizá, el próximo lunes… te dejo algunas sugerencias por si te sirven para que -esta vez sí- logres seguir apuntada/o al gimnasio en febrero, sigas sin fumar el próximo fin de semana o sigas haciendo/dejando de hacer lo que sea que te has propuesto.

1. Lo primero que tienes que hacer es DEFINIR BIEN TU OBJETIVO.

“¿Qué es lo que quiero, realmente?” Una buena definición de objetivos ha de ser concreta, no sirve decir “perder peso” o “estudiar más”. ¿Cuántos kilos quiero perder, cuántas horas a día/semana quiero dedicar a estudiar?

Muy importante: Asegúrate de que tu objetivo está definido en términos positivos. Piensa más en LO QUE QUIERES que en lo que no quieres.

La única razón por la que las personas no obtienen lo que quieren es porque piensan más en lo que no quieren que en lo que quieren. La epidemia del no quiero es la más grave que ha padecido la humanidad… (Rhonda Byrne)

2. Piensa (y recuérdate siempre que lo necesites) PARA QUÉ QUIERES CONSEGUIRLO

Aprender inglés en sí no tiene ninguna ventaja ni inconveniente…no es un motivo por sí mismo. Si quieres mejorar tu inglés, será porque te servirá en el trabajo, para optar a un mejor puesto o porque quieres hacer un viaje al extranjero este verano y quieres poder comunicarte sin recurrir al lenguaje de signos o al pictionary.

Reflexiona y sopesa las consecuencias en tu vida y en tus relaciones cuando consigas tu objetivo “¿Qué ganaré o perderé ?”, “¿Qué ganarán o perderán otros?”.

Quien tiene un porqué siempre encuentra un cómo.

3. Imagínate cómo será cuando lo hayas alcanzado. ¿QUÉ SERÁ DISTINTO CUANDO LO LOGRES?. Desde el principio debemos determinar qué resultados esperamos de la consecución del objetivo, y qué cosas concretas nos indicarán que hemos tenido éxito. Repasar de vez en cuando esta visión del objetivo logrado servirá de motivación en los momentos de debilidad.

La mente moldea todo lo que ve. Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado. Cuando visualizas, materializas

4. Hazte consciente de CUÁLES SON TUS CREENCIAS LIMITANTES. Enumera todo aquello que piensas que te detiene a la hora de lograr tu objetivo. Considera los sentimientos de duda que comiencen con un “si, pero…” ¿Por qué te surgen esas dudas?

Justifica tus limitaciones, y ciertamente las tendrás.

5. Hazte consciente también de CUÁLES SON LOS RECURSOS DE LOS QUE DISPONES. Con qué recursos cuentas para lograr el objetivo que te has propuesto, qué tienes que te puede facilitar el logro (un gimnasio al lado de casa, amigos que no fuman, clases gratuitas de inglés en el centro social del barrio…) ¡busca tus elementos facilitadores!

“Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estás en lo cierto” (H. Ford)

Ya basta de trabajo mental. ¡Manos a la obra! Llegados a este punto, solo hay una cosa que puedas hacer: ¡ACCIÓN!

“No podré hacerlo” no ha producido jamás ningún buen resultado.

“Probaré a hacerlo” ha conseguido casi siempre maravillas.

“Lo haré” ha logrado imposibles.

Lo que crees es lo que creas (A. Rovira)

“El sentido de las cosas no está en las cosas mismas, sino en nuestra actitud hacia ellas”(A. de Saint Exupery)

Dicen que la actitud es el prisma a través del cual filtramos la realidad, pero su efecto (el de las actitudes) no queda ahí. La actitud con la que observamos nuestra realidad, la actitud con la que interpretamos los hechos, repercute directamente sobre las acciones que emprendemos (o que reprimimos) y, por consiguiente, sobre los resultados que obtenemos.

Podríamos hablar, muy en general, de 3 tipos de actitud ante la vida:

  • La actitud OBSERVADORA: Actitud habitual de personas que prefieren evitar riesgos, que viven siendo un espectador/a de lo que sucede a su alrededor, sin implicarse más allá de lo estrictamente necesario. La persona con actitud observadora prefiere que sean “los otros” quienes resuelvan las cosas, quienes cambien, quienes se impliquen… Hablaríamos, en general, de personas que viven con cierta indiferencia, con altas dosis de negatividad y de reactividad ya que tienden a pensar que no tienen control sobre su vida.

“La indiferencia es la que ha permitido a las piedras permanecer inmutables durante millones de años” (C. Pavese)

  • La actitud CRÍTICA: Las personas con una actitud crítica sienten predilección por las frases del tipo “ya lo advertí” o “sabía que ocurriría”. Además son especialistas en quejarse de todo lo que no funciona, de lo que va mal, de lo que falta… y tienen claro que todo esto tiene que ver con el “mal hacer” de los otros, el problema siempre son los demás. Dada esa tendencia a atribuir las responsabilidades a los otros, también poseen una alta percepción de falta de control sobre su vida, como los/as observadores/as

“Si quieres crecimiento y unión en tus relaciones, no trates de modificar a los demás, en todo caso, modifica tu forma de ver las cosas” (Bob Mandel)

  • La actitud ACTIVA: Es la actitud de las personas que aprenden de cuanto sucede a su alrededor. Tienen interés por extraer algún aprendizaje de todo lo que sucede en sus vidas y en las de las demás; interés por crecer permanentemente. Sienten ilusión y entusiasmo por ser los protagonistas de su vida. Son expertas en ver lo bueno de cualquier circunstancia, de cualquier cambio, de cualquier imprevisto. Creen firmemente que un error es una oportunidad única para aprender. Como constructores de su propia vida, creen que el control sobre ésta está en sus manos.

“Hay quien cruza el bosque y no ve leña para el fuego” (Tolstoi)

¿y tú? ¿cuál es tu actitud?

Aunque no existe una actitud “pura”, sí existen tendencias bastante arraigadas a utilizar una más que las otras. Y, evidentemente, esta tendencia está condicionada por distintos factores; a pesar de eso… ¡buenas noticias! tenemos la última palabra, podemos elegir por qué actitud optamos.

“Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor,siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.” (V. Frankl)

y… ¿cómo puedo “positivizar” mis actitudes?

En realidad parece más difícil de lo que es. No digo que sea sencillo, pero es posible. Podemos “desaprender” nuestras antiguas actitudes y sustituirlas por otras que nos ayuden a influir más positivamente en nuestra vida. Podemos aprender a pensar en positivo.

Y… al respecto de esto… ¡ojo! pensar en positivo no tiene nada que ver con ser ingenuo/a. Pensar en positivo no está reñido con ser realista y objetivo/a; pero sí está reñido con ser pasivo/a y con el rechazo a buscar soluciones.

Se trata de elegir con qué ojos miramos

Bien, pero… ¿cómo?

No existen fórmulas mágicas, pero determinadas conductas pueden favorecer la transformación de nuestras actitudes en actitudes más positivas.

  • contempla todas las situaciones que vives como oportunidades de aprendizaje.
  • usa contigo un lenguaje motivador: “puedo…”, “escojo…”, “me ilusiona…”, “me encanta…”, “soy feliz con…”
  • distingue lo positivo de lo negativo, sin inventarlo, con la máxima objetividad.
  • no le des vueltas al pasado, ¡ya es historia! no puedes cambiarlo, sólo aprender de él; una vez extraído el aprendizaje, deja de pensar en él.
  • no temas al futuro, está por llegar. El futuro depende de lo que hagas hoy, ahora, en el próximo minuto.
  • disfruta del presente, es lo único que puedes asegurar que tienes ahora, aquí y ahora.

“el ser humano no es libre de elegir sus circunstancias, pero sí de elegir qué actitud toma respecto a ellas”


Fuente:
Galindo, L., Kogan, M. (2010) El próximo minuto. Madrid: Plataforma Ed.