En cualquier momento, un abrazo cualquiera puede cambiar tu vida y su vida.

Abrazarnos, al igual que reír y escuchar música, es una más de las muchas herramientas, que la Naturaleza nos ha regalado y a la que nosotros/as, en nuestro afán de perfeccionismo inalcanzable, nos hemos dedicado a través de muchos años de férreo entrenamiento a contaminar, desvirtuar y hasta casi aniquilar.

A través de la “educación racional” en la que nos afanamos, venimos desde hace siglos destruyendo este simple y poderoso acto, natural y espontáneo, que es el abrazo. Estamos dejando perder ese lenguaje que no conoce de idiomas, que comunica desde la diversidad y sin distinciones, con una alta eficacia, las emociones que experimenta nuestro cuerpo y que queremos transmitir. El lenguaje de los abrazos es sin duda el auténtico y original medio de comunicación, el más ecológico, sencillo y económico. Útil cuando sobran las palabras o no logramos encontrar las adecuadas

La presencia cercana de “un/a otro/a” llega a producir un ajuste psicofisiológico en nuestro organismo. El otro, la otra, con su presencia, me influye fisiológicamente, modula mis emociones, me influye hormonalmente y yo a él/ella.

Y aquí es donde radica la importancia del abrazo.

Cuando tocar o acariciar es imposible, se genera un estado de ansiedad, de “hambre límbica”. El dolor de la separación, de la pérdida, del aislamiento… es en realidad el dolor de la retirada neuroquímica (dopamina, oxitocina, serotonina, endorfinas…).

En este contexto, las caricias, los besos, los abrazos, las miradas, la interacción emocional positiva, la proximidad, el contacto… actúan estimulando el flujo de oxitocina, serotonina y dopamina. El acto de abrazar genera oxitocina en el cerebro. La oxitocina dispara los circuitos de confianza en el cerebro y provoca estados de confianza y vinculación entre quienes se abrazan. Con el abrazo, además, se activa la liberación de serotonina y dopamina, que explica la sensación de bienestar, relajación, armonía y plenitud en el momento del abrazo.

Y de la misma manera que un abrazo vale más que mil palabras, a veces, una imagen también vale más que mil palabras:

Dicen que el silencio también es comunicación

Cierro la “trilogía” dedicada a la comunicación no verbal dándole al silencio el protagonismo que para mi merece por su alto poder comunicativo.

Al principio no fue la palabra, sino el silencio, y del silencio emergió la palabra con sentido (F. Torralba)

El silencio, los silencios, no son un elemento accidental en la comunicación, sino un elemento decisivo para conseguir una comprensión auténtica. Pero, sin embargo, nadie (o casi nadie) quiere callar, pues callar se percibe como un fracaso. Es como si en Occidente el silencio no fuera soportable. Quien no habla es un/a perdedor/a, un/a cobarde/a, un/a sometido/a, poco sociable… Cuando se instala el silencio, aunque sea por unos breves segundos, la gente no sabe qué hacer, se siente incómoda e invadida por la angustia, tiene miedo. Sin embargo, el silencio, es lo que otorga sentido a la palabra.

De hecho, creo que las cosas más importantes de la vida se transmiten a través del silencio. Y es en el silencio donde se escucha verdaderamente.

Nos asusta el silencio, quizá porque no nos han enseñado a vivirlo, a interpretarlo y a aplicarlo bien y esto hace que perdamos información del mundo, de las personas, de las relaciones…

 

El silencio es un agente comunicador porque comunica estados, pasiones, angustias y alegrías; vivencias intensamente enraizadas en el corazón. Pero además, el silencio es el punto de partida y el punto de llegada de toda comunicación verdaderamente humana. 

 

Os dejo un ejemplo del valor del silencio, del silencio significativo.

El filósofo chino Kungtsé, que vivió hace unos 2500 años, tuvo que esperar 12 años hasta que tuvo la oportunidad de conocer a un sabio maestro con el que sólo había mantenido comunicación mediante cartas. Después de un viaje que duró varios días, ambos por fin se encontraron. Se saludaron en silencio con una respetuosa reverencia y se sentaron frente a frente sin mediar palabra.

Media hora más tarde, Kungtsé se levantó sin que hubiesen pronunciado ninguna palabra y se despidieron con una nueva silenciosa reverencia.

Durante el viaje de regreso, los discípulos de Kungtsé que habían presenciado el encuentro le dijeron: “pero Maestro, tantos años esperando este encuentro, y al final ¿no habéis sabido hacer nada mejor que estar sentados frente a frente sin decir nada?” Kungtsé contestó “Ha sido la media hora más sublime de mi vida, cualquier palabra hubiese estado de más”

“Tus actos siempre hablan más alto y más claro que tus palabras” (Stephen Covey)

Retomo la tématica de la Comunicación No Verbal del post anterior, para seguir con los GESTOS.

Nuestro comportamiento esconde mensajes que a menudo contradicen nuestras palabras. En nuestro día a día realizamos un sinfín de acciones que dicen mucho de nosotros. La mayoría las hacemos de forma rutinaria, sin darnos cuenta, ignorando que tienen un claro significado a los ojos de los demás. Y lo cierto es que la gente nos juzgará,en gran medida, por estas acciones.

No hace falta ser psicólogo/a o experto/a en comunicación no verbal para comprender y/o interpretar el significado de ciertas miradas y ciertos gestos; todas/os somos capaces de interpretarlos y de hecho lo hacemos constantemente. Si uno/a está familiarizado/a con los fundamentos de la comunicación no verbal, percibirá claramente estos mensajes, pero si no lo está, los percibirá también y los interpretará, aunque sea de manera no consciente. Que conozca a alguien y me produzca desconfianza sin saber porqué, por ejemplo, tiene mucho que ver con las “señales” que percibimos en su comunicación.

“Nuestra conducta es la única prueba de sinceridad de nuestro corazón” (Charles T. Wilson)

A la hora de hacernos una imagen sobre una persona, lo que le veamos hacer pesará siempre mucho más que lo que le oigamos decir. Los seres humanos somos especialmente buenos captando mensajes a través de los comportamientos, ya que estamos genéticamente programados para detectar señales de conducta y para entender rápidamente su significado. No en vano el lenguaje verbal entre los seres humanos,  tal y como lo conocemos hoy, es un “invento” relativamente reciente; eso no significa que nuestros antepasados Neandertales no se comunicasen perfectamente entre ellos haciendo uso de los gestos y sonidos muy elementales.

Somos, como decía, especialmente hábiles captando los mensajes a través de las conductas; y socialmente hemos creado un pequeño diccionario dentro de nosotros que da un significado muy concreto a cada gesto que observamos y lo traduce en una determinada actitud.

Este diccionario  no es universal (como no lo es ningún otro) pues dependiendo de cada una/o de nosotras/os, de nuestra sensibilidad, de nuestra susceptibilidad y de nuestras costumbres, daremos matices a los significados y a la interpretación de cada gesto. Aún así, la mayoría de ellos tiene un significado básico común, que es bueno que conozcamos pues será la base del juicio que hagan de nosotros/as.

Pequeño diccionario de mensajes ocultos

Estos son algunos actos cotidianos que realizamos y el mensaje que pueden ocultar o puede ser interpretado por nuestro interlocutor:

  • Llegar tarde:

“Mi tiempo es más valioso que tú”.

  • Responder al teléfono mientras estamos con alguien (obviamente, siempre y cuando no sea una urgencia):

“Lo que me cuentas no es tan importante”.

  • Mirar el reloj con demasiada frecuencia:

 “No tengo más tiempo para ti”. “Quiero irme”.

  • No invitar a sentarse a alguien a quien recibes en tu despacho/consulta:

 “Date prisa, porque te voy a dedicar muy poco tiempo”.

  • Cambiar repentinamente de tema respecto de lo que el/la otro/a nos cuenta:

 “No me interesa lo que me cuentas”. “Quiero hablar de esto que es más importante”

  • Interrumpir al otro:

“Lo que yo tengo que decir es más importante”.

  • Leer correos/mensajes en el móvil mientras hablamos:

“Hay cosas más importantes que merecen mi atención”. “No te estoy escuchando”

  • Mirar al horizonte mientras hablas con alguien, estar pendiente de quién pasa cerca:

 “Me estás agobiando”; “no me interesa lo que me cuentas”

  • Entrar a algún sitio con un saludo general sin mirar a las personas que hay en él:

“Miradme vosotros/as a mí. Yo soy el/la importante”.

 “La conducta es un espejo en el que cada uno muestra su imagen” (Goethe)

 

 

Fuente:

http://www.elpais.com/articulo/portada/mensajes/gestos/elpepusoceps/20110327elpepspor_7/Tes