En cualquier momento, un abrazo cualquiera puede cambiar tu vida y su vida.

Abrazarnos, al igual que reír y escuchar música, es una más de las muchas herramientas, que la Naturaleza nos ha regalado y a la que nosotros/as, en nuestro afán de perfeccionismo inalcanzable, nos hemos dedicado a través de muchos años de férreo entrenamiento a contaminar, desvirtuar y hasta casi aniquilar.

A través de la “educación racional” en la que nos afanamos, venimos desde hace siglos destruyendo este simple y poderoso acto, natural y espontáneo, que es el abrazo. Estamos dejando perder ese lenguaje que no conoce de idiomas, que comunica desde la diversidad y sin distinciones, con una alta eficacia, las emociones que experimenta nuestro cuerpo y que queremos transmitir. El lenguaje de los abrazos es sin duda el auténtico y original medio de comunicación, el más ecológico, sencillo y económico. Útil cuando sobran las palabras o no logramos encontrar las adecuadas

La presencia cercana de “un/a otro/a” llega a producir un ajuste psicofisiológico en nuestro organismo. El otro, la otra, con su presencia, me influye fisiológicamente, modula mis emociones, me influye hormonalmente y yo a él/ella.

Y aquí es donde radica la importancia del abrazo.

Cuando tocar o acariciar es imposible, se genera un estado de ansiedad, de “hambre límbica”. El dolor de la separación, de la pérdida, del aislamiento… es en realidad el dolor de la retirada neuroquímica (dopamina, oxitocina, serotonina, endorfinas…).

En este contexto, las caricias, los besos, los abrazos, las miradas, la interacción emocional positiva, la proximidad, el contacto… actúan estimulando el flujo de oxitocina, serotonina y dopamina. El acto de abrazar genera oxitocina en el cerebro. La oxitocina dispara los circuitos de confianza en el cerebro y provoca estados de confianza y vinculación entre quienes se abrazan. Con el abrazo, además, se activa la liberación de serotonina y dopamina, que explica la sensación de bienestar, relajación, armonía y plenitud en el momento del abrazo.

Y de la misma manera que un abrazo vale más que mil palabras, a veces, una imagen también vale más que mil palabras:

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Tú eres el motivo de casi todo lo que te sucede (Epícteto)

La última de las libertades humanas, la libertad esencial, aquella que nadie nos puede arrebatar, es la de elegir nuestra actitud, por difíciles, dolorosas o complejas que sean nuestras circunstancias.

(Victor E. Frankl)

Todo aquello que nos sucede puede verse como una oportunidad o una dificultad, como un reto o un obstáculo. Depende, únicamente de la actitud que tengamos ante lo que nos sucede.

La actitud, entendida como una tendencia, disposición o inclinación para actuar de determinada manera, es el sustento sobre el que se  apoyan nuestros pensamientos, nuestras acciones y, sobre todo, nuestras emociones. Valga el sencillo ejemplo del estudio de una carrera, si la actitud es favorable hacia ella, encontraremos pensamientos positivos referentes a ella; así como, emociones de simpatía y agrado por esos estudios.

Las actitudes son socialmente aprendidas y, en consecuencia, son modificables, sustituibles o prescindibles. De la misma manera que uno/a aprende a cambiar determinado comportamiento que tenía interiorizado por haber sido aprendido en su entorno familiar, por ejemplo, pero que no quiere mantener; las actitudes también pueden ser modificadas. Uno/a puede decidir qué actitud es la que elige para ir por la vida, la actitud para consigo mismo/a, para con la familia, para con la pareja, en el trabajo…

Las circunstancias, en sí mismas, no tienen la capacidad de ser buenas o malas; son como uno/a las quiera ver. Para algunos/as amigos/as la ruptura con su pareja fue el inicio de una nueva vida, para otros/as, sin embargo, fue el final de una vida. Para algunos/as la pérdida del trabajo fue la oportunidad de encontrar un trabajo en el que sentirse verdaderamente realizado/a, para otros/as fue el comienzo de una depresión.

La siguiente historia ilustra esta diferencia actitudinal…

Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo de agua a la entrada del pueblo. Un día, un joven se acercó y le dijo:

-Yo nunca he venido por estos lugares. ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?

El anciano le respondió con otra pregunta:

-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?

-Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allí.

-Así son los habitantes de esta ciudad – le respondió el anciano.

Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta:

-Voy llegando a este lugar. ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?

El anciano de nuevo le contestó con la misma pregunta:

-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?

-Eran buenos, generosos, hospitalarios y trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos…

-También los habitantes de esta ciudad son así – respondió el anciano.

Un hombre que había llevado sus animales a tomar agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó, le dijo al anciano:

-¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas?

-Mira – le respondió – Cada uno lleva el universo en su corazón. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo hallará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, encontrará también aquí amigos leales y fieles.

Porque las personas son lo que encuentran en sí mismas; encuentran siempre lo que esperan encontrar.

Lo que se nombra adquiere fuerza, lo que no se nombra deja de existir (C. Milosz)

Comparto esta semana una historia que alguien compartió conmigo hace algún tiempo, pero que, por unos motivos u otros, siempre tengo presente.

A mi abuelo aquel día lo vi distinto. Tenía la mirada enfocada en lo distante. Casi ausente. Pienso ahora que tal vez presentía que era el último día de su vida. Me aproximé y le dije: “¡Buenos días, abuelo!”. Él extendió su mano en silencio.

Me senté junto a su sillón y después de unos instantes un tanto misteriosos, exclamó: “¡Hoy es día de inventario, hijo!”. “¿Inventario?”, pregunté sorprendido. “Sí. ¡El inventario de tantas cosas perdidas! Siempre tuve deseos de hacer muchas cosas que luego nunca hice, por no tener la voluntad suficiente para sobreponerme a mi pereza, o por pensar que ya tendría ocasión de hacerlas. Recuerdo aquella chica que amé en silencio durante cuatro años, hasta que un día se marchó del pueblo sin yo saberlo. También estuve a punto de estudiar ingeniería, pero no me atreví en su momento y pensé que algún día lo haría. Recuerdo tantos momentos en que he hecho daño a otros por no tener el valor necesario para hablar, para decir lo que pensaba. Y otras veces en que me faltó valentía para ser leal. Y las pocas veces que le he dicho a tu abuela que la quiero, y la quiero con locura. ¡Tantas cosas no concluidas, tantos amores no declarados, tantas oportunidades perdidas!”. 

Luego, su mirada se hundió aun más en el vacío y se le humedecieron sus ojos, y continuó: “Este es mi inventario de cosas perdidas, la revisión de mi vida. A mi ya no me sirve. A ti sí. Te lo dejo como regalo para que puedas hacer tu inventario a tiempo”.

Al momento, con cierta alegría en el rostro, continuó: “¿Sabes qué he descubierto en estos días? ¿Sabes qué es lo más imperdonable en la vida de un ser humano?”. La pregunta me sorprendió y solo atiné a decir, con inseguridad: “No lo había pensado. Supongo que matar a otros seres humanos, odiar al prójimo y desearle el mal…”. Me miró con afecto y me dijo: “Pienso que lo más grave en la vida de un ser humano es el daño por omisión. Y lo más doloroso es descubrir las cosas perdidas sin tener tiempo para encontrarlas y recuperarlas.” 

Al día siguiente, regresé temprano a casa, después del entierro del abuelo, para hacer con calma mi propio “inventario” de las cosas perdidas, de las cosas no dichas, del afecto no manifestado.

Mindfulness: el encuentro con tus emociones y su relación con la salud

Vivimos en un mundo tan ocupado… Doblas la ropa mientras mantienes un ojo en los niños y otro en la televisión. Planificas el día, mientras escuchabas la radio y estás yendo a trabajar. Planificas el fin de semana mientras estás trabajando. ¿Pero realmente estamos haciendo algo de todo eso?… quizá sí, pero quizá también sin la atención y el disfrute que merece.

Con las prisas impuestas (auto o heteroimpuestas) para realizar las tareas necesarias, puede que nos estemos perdiendo la conexión con el momento presente; perdiendo lo que estamos haciendo y cómo nos sentimos al hacerlo. ¿Cuántas veces pensamos en si nos sentimos descansados por mañana?, ¿recuerdas haber visto florecer los almendros plantados a pie de la autovía por la que pasas cada mañana?, ¿qué te hizo sentir la canción que pusieron en la radio mientras conducías?

mindfulnessEl mindfulness (puede entenderse como atención y conciencia plena)  pretende que la persona se centre en el momento presente de un modo activo, procurando no interferir ni valorar lo que se siente o se percibe en cada momento. Es una experiencia meramente contemplativa, se trata de observar sin valorar, aceptando la experiencia tal y como se da. Viene a plantear, por tanto, un empeño en centrarse en el momento presente de forma activa y reflexiva. Una opción por vivir lo que acontece en el momento actual, el aquí y el ahora.

El mindfulness está siendo examinado científicamente y se ha encontrado que puede ser un elemento clave de la felicidad.

Raíces antiguas, aplicaciones modernas

La práctica de la atención plena, tiene sus raíces en el budismo, pero la mayoría de las religiones incluyen algún tipo de oración o una técnica de meditación que ayuda a cambiar tus pensamientos de sus preocupaciones habituales hacia una apreciación del momento y una perspectiva más amplia de la vida.

El profesor Jon Kabat-Zinn, (fundador y ex director de la Clínica para Reducción del Estrés y el Centro de Mindfulness en Medicina, Cuidado de Salud, y Sociedad, en la escuela de Medicina de la Universidad de Massachusett) contribuyó a difundir el uso de la práctica de la atención plena en la medicina convencional y ha demostrado que la práctica de la atención puede traer consigo mejoras en los síntomas físicos y psicológicos como así como cambios positivos en las actitudes y conductas de salud.

La atención plena mejora el bienestar

El aumento de su capacidad de atención conlleva otras muchas actitudes que contribuyen a una vida satisfactoria.

Ser consciente hace más fácil disfrutar de los placeres de la vida a medida que ocurren, ayuda a participar plenamente en las actividades y da una mayor capacidad de respuesta para hacer frente a eventos adversos.

Al centrarse en el aquí y ahora, muchas personas que practican mindfulness encuentran que tienen menos probabilidades de quedar atrapados en las preocupaciones sobre el futuro ni remordimientos por el pasado, están menos preocupados por las preocupaciones sobre el éxito y la autoestima, y son más capaces para establecer relaciones profundas con los demás.

La atención plena mejora la salud física

Si un mayor bienestar no es un incentivo suficiente, quizá la mejora de la salud física lo sea.

Los científicos han descubierto los beneficios de las técnicas de mindfulness para mejorar la salud física de diferentes maneras.

Beneficios del mindfulness aplicado a problemas de salud:

  • Físicos:
    • Aprender a respirar mejor.
    • Aprender a relajar cuerpo y mente.
    • Aumentar la flexibilidad corporal.
    • Regular la presión arterial.
    • Influir en el sistema inmunitario: atenuación de la secreción de la hormona cortisol (efecto inmunodepresor) como respuesta al estrés.
    • Mejorar la calidad del sueño.
    • Mejorar los hábitos alimentarios.
    • Recargar energías del propio cuerpo.
    • Reducir el malestar psicológico (ansiedad, depresión, hostilidad, somatización).
  • Globales:
    • Desarrollar una actitud de responsabilidad en el cuidado de la propia salud.
    • Ver el dolor de otra manera.
    • Disminuir las visitas médicas no programadas.
    • Disminuir el abuso de medicación.
    • Ayudar a marcarse metas más realistas.
    • No sumar más sufrimiento añadiéndole rabia u otras emociones al malestar.
    • Aceptar la realidad tal y como es.
    • Centrar la atención en otras cosas positivas que también están sucediendo mientras tanto.
    • Fortalecerse ante la adversidad.

Técnicas

Hay más de una manera de practicar la atención plena, pero el objetivo de cualquiera de ellas es lograr un estado de relajación alerta, centrado deliberadamente prestar atención a los pensamientos y sensaciones sin juicio. Esto permite a la mente centrarse en el momento presente.

Todas las técnicas mentales son una forma de meditación.

Meditación mindfulness básica:

Siéntese en silencio y concentrarse en su respiración natural o en una palabra o “mantra” que se repite en silencio. Permita que los pensamientos vayan y vengan sin juzgarlos y vuelva a concentrarse en su respiración o mantra.

Atención centrada en las Sensaciones corporales

Céntrese en sensaciones sutiles del cuerpo, como un picor o cosquilleo sin valorarlos, y déjelos pasar. Centre su atención sucesivamente en cada parte de su cuerpo, en una sucesión de pies a cabeza.

Atención centrada en lo Sensorial

Centrese en su percepción de los sonidos, olores, sabores y texturas. Ponga un nombre a las percepciones, sonidos, olores, sabores, texturas y deje que se vayan.

Atención centrada en lo Emocional

Permitase reconocer las emociones que se le presenten, sin juzgarlas. Practique con frecuencia ponerles un nombre: “alegría”, “ira”, “frustración”, “impaciencia”. Acepte sin juzgar su presencia y deje que se vayan.

“Es increíble cuánto se puede averiguar sobre la propia existencia por el mero hecho de prestarle atención y ser profundamente consciente de las experiencias que se viven. Lo que los sabios han afirmado durante siglos es cierto: el mundo está ahí; lo único que tenemos que hacer es vaciar nuestras mentes y abrirnos para percibirlo” (Stevens, 1999)

Fuentes:

http://www.cop.es/infocop/vernumero.asp?id=1480

http://www.helpguide.org/harvard/mindfulness.htm

http://medicablogs.diariomedico.com/reflepsiones/2009/03/07/%C2%BFque-es-el-mindfulness/

http://www.papelesdelpsicologo.es/vernumero.asp?id=1340