De Nosferatu a tu vecino: El vampiro actual se alimenta de tus emociones

He ido adquiriendo con los años la costumbre veraniega de aprovechar las horas de sol para reencontrarme con esas personas que, de un modo u otro, forman parte de mi vida y con las que -salvo situaciones excepcionales- no coincido durante el resto del año.

Tras alguno de esos encuentros, en alguna ocasión, he vuelto a casa diciéndome a mi misma “ya sé porque no la/lo veo más a menudo” y esto me ha hecho recordar un término que descubrí hace pocos años y que dio respuesta a muchas de mis dudas sobre las relaciones interpersonales (y porqué no decirlo, también me quitó muchos remordimientos). El término (un poco dramático y exagerado, es cierto) es el de VAMPIROS EMOCIONALES.

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Todas/os conocemos a alguien a quien rehuimos, a quien evitamos. Seguro que cualquiera de nosotras/os es capaz de pensar en alguien que, sistemáticamente tras un encuentro, nos deja una sensación de abatimiento, agotamiento, molestia, rabia o desazón.

Ese alguien es un vampiro emocional.

Sería simplista pensar en que con alejarnos de esa persona se acaba el problema; simplista porque lo insidioso de este problema, es que el vampiro o la vampiresa puede ser un/a desconocido/a o un ser querido, tu padre, tu pareja o tu mejor amiga/o. De igual manera, la relación puede ser cercana o distante; la persona agradable o desagradable… pero el efecto que tiene sobre ti siempre es tóxico.

Tipología vampírica

Podemos encontrar fundamentalmente dos tipos de personas tóxicas: el vampiro encubierto y el vampiro descubierto.

El primero es el que ejerce su toxicidad de manera sutil, encubierta. Se oculta detrás de una actitud o unas palabra aparentemente inofensivas. Envía mensajes dobles, dice una cosa aparentemente inocua pero insinúa otra muy diferente y malintencionada. Ejemplos de este comportamiento los encontramos en el empleo frases que aúnan el elogio y la crítica (“qué bien te queda eso, incluso te hace delgado/a”) o en el empleo constante de frases que disfrazan de bromas (“macho, con esa calva no te casamos”). La regla que funciona aquí es la siguiente: si él o ella bromean con que tienes sobrepeso o no encuentras pareja… no debes ni puedes ofenderte, porque se trata de una broma.

No puedo obviar hablar de su conducta no verbal, son unos expertos en esas microexpresiones que muchas veces no captamos conscientemente, pero que sin saber porque no nos cuadran y nos dejan en ese estado de confusión interna constantemente.

Los segundos, los que llamaremos vampiros descubiertos, son más fáciles de detectar pero no por ello más fáciles de manejar. Algunas autoras (Richardson, 1999; Glass, 1997) que han profundizado en el tema, clasifican en 7 subtipos a este tipo de vampiros:

1. Vampiro negativo
El mundo es horrible y su vida penosa. Y a ti te toca intentar levantarle el ánimo, pero son expertos/as en desmontar cualquier intento. `Tengo que buscar trabajo’ dice. `Ahora hay muchas oportunidades en tu campo’, le dices tú. `Sí, pero a mi edad…’, responde. `La experiencia vale de mucho’, señalas. `Ay, pero las empresas prefieren personas jóvenes…’. Llega el momento en que tú, que tratabas de animar, acabas más deprimida/o que ella/él, y temiendo por tu futuro laboral.

2. Vampiro quejoso
Se pasa la vida lamentándose de lo mismo —y `lo mismo’ puede ser la pareja, el empleo, los hijos, la economía—, pero nada hacen para cambiar la situación. En realidad, esta persona solo quiere quejarse, por el alivio momentáneo que obtiene. ¿Y Tú? Después de una sesión maratoniana de quejas, en la que al final nada se resuelve, acabas exhausto/a

3. Vampiro criticón
Pone objeción a todo y a todos, a lo que dices y haces; para ellos, nunca nada da la talla. Por supuesto, para ellos/as las críticas son constructivas. Pero la realidad es que te dejan por el suelo y con la sensación de no acertar nunca en nada de lo que haces o dices. Le encuentran defectos a todo: la película, su mejor amiga/o, la cena, tú, el restaurante…

4. Vampiro beligerante.
Cualquier incidente, por mínimo que sea, provoca en ellos una reacción agresiva. Sientes que debes vigilar lo que dices o haces, para no encender la pólvora, porque cuando estallan, ¡arde Troya! Y vives con la sensación de que tienes que medir cada opinión que das.

5. Vampiro indefenso.
Constantemente necesitan que hables por ella/ él, lo/a defiendas, lo/a apoyes, decidas tú,… Pero, sin duda, llevar todo ese peso sobre tus espaldas te quita hasta la última gota de energía. ¿Ellos? Tranquilos y felices, porque no tienen que hacerse responsables de nada, y si algo sale mal siempre pueden culparte.

6. Vampiro sarcástico.
Sus comentarios —crueles, burlones, sarcásticos— pueden resultar chistosos a priori, pero cuando ese humor negro siempre va dirigido a ti, acaba por minar tu espíritu. Después de una sesión de ironías y comentarios ácidos, te sientes dolida/o e insultada/o. Su humor hiriente es tóxico, porque siempre golpean donde más duele.

7. Vampiro catastrofista
Siempre está hablando de huracanes, enfermedades, muertes, desgracias y colapsos económicos. Para ellos, la vida es un peligro inminente, y si algo va a ocurrir, seguramente será muy malo. Cinco minutos con ellos acaban con tus nervios.

Es importante matizar que muchas veces las personas que “vampirizan” la energía de los demás no son conscientes de ello. El ladrón de energía suele padecer un comportamiento enfermizo, y se caracterizan por su melancolía y su tendencia a la depresión. Su falta de energía la compensan alimentándose de la actitud vitalista de otros. Como son incapaces de generar la actitud positiva adecuada para sentirse bien por sí mismos, inconscientemente, para compensar esa deficiencia, buscan víctimas que les alimenten. Así, logran abastecerse robando la energía anímica de los que les rodean.

No son malas personas, pero sí tienen un comportamiento que drena la energía de los demás, es por eso por lo que nos duele más estar ante su presencia, porque probablemente nos caen bien y deseamos seguir a su lado pero sin que nos descarguen nuestra batería emocional.

Ideas para protegerse de los vampiros emocionales

Si el crucifijo, la estaca de madera y los ajos no son suficientes para contrarrestar sus efectos, tal vez las siguientes recomendaciones puedan resultar útiles.

  • Ten expectativas realistas. No esperes más de lo que una persona emocionalmente limitada o inmadura puede ofrecerte; pero estáte alerta y espera que sea capaz de intentar hipnotizarte para conseguir sus objetivos.
  • Establece límites. Explicita qué cosas no estás dispuesto/a tolerar y sé consecuente.
  • Mantén la calma. No reacciones impulsivamente ante sus intentos de provocación.
  • Reflexiona sobre las razones que te llevan a seguir manteniendo contacto con esa persona. Valora si es posible alejarte de ella o no. Si es posible y no te alejas, sé sincero/a en las razones que te llevan a seguir manteniendo el contacto.

El psicólogo Albert J. Bernstein asegura que el mejor arma contra un vampiro emocional es tratarle como a un niño, como a un ser inmaduro, es decir ponerle límites, estar preparado para sus reacciones excesivas, ser consistente en tus razones, no entrar en discusión con él/ella, recompensar las buenas conductas y reprender las malas, así como castigarlas incluso.

Tus emociones son la pista

La doctora Gabriella Kortsch nos ofrece algunas pistas de cómo reconocer emocionalmente que has sido mordido por un/a vampiros emocional:

  • Molestias físicas: comienzas a sentir dolor estomacal, pecho oprimido, nauseas, tensión, nerviosismo continuo…
  • Mala conciencia: te sientes mal contigo mismo por estar incómodo ante una persona a quien quieres, que se porta bien contigo, que es generosa.
  • Agotamiento físico y mental: cansancio generalizado.
  • Pérdida de entusiasmo: pierdes interés en los proyectos que tienes.
  • Desorientación: sientes como si estuvieras perdido, sin saber qué hacer.

Para terminar quizá sea interesante recordar una de las características legendarias asociada a los vampiros: Algunas tradiciones sostienen que un vampiro no puede entrar en una casa si no es invitado por el dueño; pero que una vez es invitado puede entrar y salir a placer... Así que, cuidado con exhibir tu cuello a los vampiros emocionales, una vez mordido/a no podrás deshacerte fácilmente de su influjo.

Fuentes:
http://www.healthtotem.com/sp/mental/vamp.html
http://elrincondesusu.wordpress.com/2010/09/30/vampiros-emocionales-2/
http://www.datingsupportcenter.com/datingarticles/how-to-deal-with-emotional-vampires/
http://psy.rin.ru/eng/article/145-101.html

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