S.O.S emergencia emocional

“Caminar a solas es posible, pero el buen caminante sabe que el gran viaje es el de la vida, y -en algunos tramos- se necesitan compañeros/as”

Probablemente si hace unas horas no hubiese tenido lugar una interesante sesión formativa con futuras enfermeras, no hubiese escrito a cerca de lo que me encuentro escribiendo: a cerca de la relación enfermera-paciente, y más concretamente a cerca de cuáles son las competencias de la enfermera en esta relación.

El diálogo que me ha hecho cambiar la temática prevista de esta semana bien podría resumirse en lo siguiente:

  • Enfermera: Pero hay veces que los pacientes te quieren tomar el pelo… una noche una mujer me hizo acudir a su habitación para que le pasase las hojas de la revista que estaba leyendo… ¡qué cara más dura, eso no es respetable!
  • Yo: ¿de verdad crees que su intención era esa?, ¿que su necesidad verdadera al llamarte era esa?
  • Enfermera: No, supongo que no… ¡¡pero yo no soy psicóloga!!

Ante esta respuesta inmediatamente han ido conformándose una serie de ideas en mi cabeza.

Inmediatamente he pensado “yo tampoco soy enfermera, pero ante una situación de emergencia vital trataría de hacer algo por el paciente”; “si el hijo de mi amiga se atraganta, trataría de practicarle la maniobra de Heimlich; si mi pareja sufre un esguince inmediatamente trataría de buscarle hielo…y no! no soy enfermera…!! ¿porqué yo sí y tú no?, ¿acaso no es una situación de emergencia emocional?, ¿acaso pasa a un segundo plano la urgencia emocional?, ¿no son igualmente destructoras y dañinas las emergencias emocional y física?”

¿Hasta dónde llega la competencia enfermera…?

¿Seguimos formando profesionales sanitarios centrados en la atención a los síntomas físicos, somáticos…?, ¿Siguen nuestros futuros agentes de salud sin considerar que la ansiedad por la enfermedad bloquea la posibilidad de expresar sus temores o miedos por otras vías que no sean las llamadas de atención? Afortunadamente la cosa está cambiando, pero aún queda mucho por hacer…

Ingenuamente o no, sigo creyendo que en este ámbito cobra todavía más importancia el incluir las habilidades de relación enfermera/o y paciente en los currículos formativos. Es imprescindible que los/as formadores/as seamos capaces de transmitir la necesidad de que la enfermera sea el agente de salud que facilite a las personas que éstas adopten nuevas actitudes, sentimientos y comportamientos, que el paciente/cliente conozca otras posibilidades y obtenga una sensación de control sobre su enfermedad.

Los conocimientos necesarios para los cuidados de enfermería tienen que contemplar a la persona en sus esferas biológica, psicológica, espiritual y social. La enfermería, según las más antiguas (y las más recientes) teorías explicativas de sus fundamentos, defiende como razón de ser “la persona cuidada”. Afirman los teóricos que La relación con el paciente constituye el eje de los cuidados”… pero algo no me cuadra… en este contexto, ¿dónde queda la atención emocional al paciente en momentos de crisis?, ¿acaso las crisis emocionales no forman parte de “la persona cuidada”? En cualquier manual de fundamentos de enfermería podemos encontrar como objetivo número 1 de la enfermera la “detección de necesidades de salud del usuario”, ¿de qué estamos hablando con esas necesidades?, ¿el desahogo emocional no es acaso una necesidad?

La enfermera, y cualquier otro profesional de la salud, se olvida con demasiada frecuencia de cómo ve el paciente su propia situación, qué opina de los cuidados y de los tratamientos que se le ofrecen, qué significa para él su enfermedad. Por eso seguimos teniendo modelos de intervención en los que no se ha conseguido que se deje de llevar a cabo una “enfermería centrada en la enfermera” y se comience a hacer una “enfemería centrada en el paciente”. Esta relación no suele llevar a medio plazo a ninguna parte: el paciente se siente juzgado, incomprendido y más solo en su sufrimiento, y la enfermera tampoco se siente cómoda ni satisfecha con su trabajo ni con su trato con el paciente.

Para terminar, no puedo dejar de recordar aquella historia a cerca del “hombre de la ventana” que ilustra la esencia de esta filosofía de relación terapéutica.

Dos hombres ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital.
A uno se le permitía sentarse en una cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el liquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación.
El otro hombre tenia que estar todo el tiempo boca arriba.
Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones. Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior. La ventana daba a un parque con un precioso lago, patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad.

A medida que el hombre de la ventana describía esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación (el que estaba acostado) cerraba los ojos e imaginaba la edilicia escena.

Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras. Además, él mismo se sentía cada vez con más ánimos para recuperarse a fin de poder disfrutar de todo aquello que su compañero de la ventana le describía.

Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entro con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto placidamente mientras dormía.

Tan pronto como lo considero apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana.
La enfermera le cambio encantada y tras asegurarse de que el estaba cómodo, salió de la habitación.

Lentamente y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo para lanzar la primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo el mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama… y se encontró con una pared blanca.

Tremendamente sorprendido y frustrado el hombre pregunto a la enfermera qué podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana , “¿por qué se inventó cosas que no existen?”

La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y le indico:
“Quizás lo único que quería es que usted viese lo que usted deseaba ver… que usted encontrase sus propias vías de escape…”

Es una tremenda felicidad el hacer felices a los demás, sea cual sea su situación. La enfermera (el enfermero) tiene a su alcance todas las herramientas y recursos necesarios para convertirse en ese “hombre/mujer de la ventana” sólo es cuestión de actitud y de mirada, de ver a los pacientes de otra manera.

Mindfulness: el encuentro con tus emociones y su relación con la salud

Vivimos en un mundo tan ocupado… Doblas la ropa mientras mantienes un ojo en los niños y otro en la televisión. Planificas el día, mientras escuchabas la radio y estás yendo a trabajar. Planificas el fin de semana mientras estás trabajando. ¿Pero realmente estamos haciendo algo de todo eso?… quizá sí, pero quizá también sin la atención y el disfrute que merece.

Con las prisas impuestas (auto o heteroimpuestas) para realizar las tareas necesarias, puede que nos estemos perdiendo la conexión con el momento presente; perdiendo lo que estamos haciendo y cómo nos sentimos al hacerlo. ¿Cuántas veces pensamos en si nos sentimos descansados por mañana?, ¿recuerdas haber visto florecer los almendros plantados a pie de la autovía por la que pasas cada mañana?, ¿qué te hizo sentir la canción que pusieron en la radio mientras conducías?

mindfulnessEl mindfulness (puede entenderse como atención y conciencia plena)  pretende que la persona se centre en el momento presente de un modo activo, procurando no interferir ni valorar lo que se siente o se percibe en cada momento. Es una experiencia meramente contemplativa, se trata de observar sin valorar, aceptando la experiencia tal y como se da. Viene a plantear, por tanto, un empeño en centrarse en el momento presente de forma activa y reflexiva. Una opción por vivir lo que acontece en el momento actual, el aquí y el ahora.

El mindfulness está siendo examinado científicamente y se ha encontrado que puede ser un elemento clave de la felicidad.

Raíces antiguas, aplicaciones modernas

La práctica de la atención plena, tiene sus raíces en el budismo, pero la mayoría de las religiones incluyen algún tipo de oración o una técnica de meditación que ayuda a cambiar tus pensamientos de sus preocupaciones habituales hacia una apreciación del momento y una perspectiva más amplia de la vida.

El profesor Jon Kabat-Zinn, (fundador y ex director de la Clínica para Reducción del Estrés y el Centro de Mindfulness en Medicina, Cuidado de Salud, y Sociedad, en la escuela de Medicina de la Universidad de Massachusett) contribuyó a difundir el uso de la práctica de la atención plena en la medicina convencional y ha demostrado que la práctica de la atención puede traer consigo mejoras en los síntomas físicos y psicológicos como así como cambios positivos en las actitudes y conductas de salud.

La atención plena mejora el bienestar

El aumento de su capacidad de atención conlleva otras muchas actitudes que contribuyen a una vida satisfactoria.

Ser consciente hace más fácil disfrutar de los placeres de la vida a medida que ocurren, ayuda a participar plenamente en las actividades y da una mayor capacidad de respuesta para hacer frente a eventos adversos.

Al centrarse en el aquí y ahora, muchas personas que practican mindfulness encuentran que tienen menos probabilidades de quedar atrapados en las preocupaciones sobre el futuro ni remordimientos por el pasado, están menos preocupados por las preocupaciones sobre el éxito y la autoestima, y son más capaces para establecer relaciones profundas con los demás.

La atención plena mejora la salud física

Si un mayor bienestar no es un incentivo suficiente, quizá la mejora de la salud física lo sea.

Los científicos han descubierto los beneficios de las técnicas de mindfulness para mejorar la salud física de diferentes maneras.

Beneficios del mindfulness aplicado a problemas de salud:

  • Físicos:
    • Aprender a respirar mejor.
    • Aprender a relajar cuerpo y mente.
    • Aumentar la flexibilidad corporal.
    • Regular la presión arterial.
    • Influir en el sistema inmunitario: atenuación de la secreción de la hormona cortisol (efecto inmunodepresor) como respuesta al estrés.
    • Mejorar la calidad del sueño.
    • Mejorar los hábitos alimentarios.
    • Recargar energías del propio cuerpo.
    • Reducir el malestar psicológico (ansiedad, depresión, hostilidad, somatización).
  • Globales:
    • Desarrollar una actitud de responsabilidad en el cuidado de la propia salud.
    • Ver el dolor de otra manera.
    • Disminuir las visitas médicas no programadas.
    • Disminuir el abuso de medicación.
    • Ayudar a marcarse metas más realistas.
    • No sumar más sufrimiento añadiéndole rabia u otras emociones al malestar.
    • Aceptar la realidad tal y como es.
    • Centrar la atención en otras cosas positivas que también están sucediendo mientras tanto.
    • Fortalecerse ante la adversidad.

Técnicas

Hay más de una manera de practicar la atención plena, pero el objetivo de cualquiera de ellas es lograr un estado de relajación alerta, centrado deliberadamente prestar atención a los pensamientos y sensaciones sin juicio. Esto permite a la mente centrarse en el momento presente.

Todas las técnicas mentales son una forma de meditación.

Meditación mindfulness básica:

Siéntese en silencio y concentrarse en su respiración natural o en una palabra o “mantra” que se repite en silencio. Permita que los pensamientos vayan y vengan sin juzgarlos y vuelva a concentrarse en su respiración o mantra.

Atención centrada en las Sensaciones corporales

Céntrese en sensaciones sutiles del cuerpo, como un picor o cosquilleo sin valorarlos, y déjelos pasar. Centre su atención sucesivamente en cada parte de su cuerpo, en una sucesión de pies a cabeza.

Atención centrada en lo Sensorial

Centrese en su percepción de los sonidos, olores, sabores y texturas. Ponga un nombre a las percepciones, sonidos, olores, sabores, texturas y deje que se vayan.

Atención centrada en lo Emocional

Permitase reconocer las emociones que se le presenten, sin juzgarlas. Practique con frecuencia ponerles un nombre: “alegría”, “ira”, “frustración”, “impaciencia”. Acepte sin juzgar su presencia y deje que se vayan.

“Es increíble cuánto se puede averiguar sobre la propia existencia por el mero hecho de prestarle atención y ser profundamente consciente de las experiencias que se viven. Lo que los sabios han afirmado durante siglos es cierto: el mundo está ahí; lo único que tenemos que hacer es vaciar nuestras mentes y abrirnos para percibirlo” (Stevens, 1999)

Fuentes:

http://www.cop.es/infocop/vernumero.asp?id=1480

http://www.helpguide.org/harvard/mindfulness.htm

http://medicablogs.diariomedico.com/reflepsiones/2009/03/07/%C2%BFque-es-el-mindfulness/

http://www.papelesdelpsicologo.es/vernumero.asp?id=1340