Nacemos llorando, vivimos quejándonos y morimos desilusionados (T. Fuller)

Existen pocos comportamientos más inútiles e infantiles que la queja, sin embargo, resulta enormemente curioso observar como las personas, invertimos una enorme cantidad de nuestro tiempo haciendo uso de ella. No existe día en nuestra vida en el que no nos quejemos por algo, da igual si es de la política, de la sociedad, del consumismo, de lo malos que son los otros, de la educación… el lloriqueo y el refunfuño son conductas totalmente improductivas, siempre que no estemos dispuestos a ir un paso más allá y hacer algo para cambiar eso que tanto decimos que nos molesta.

Si la queja por si misma no lleva a ningún lado, ni aporta nada, ni cambia nada… ¿Qué justifica este comportamiento?, ¿Para qué nos quejamos tanto? Creo que nos quejamos porque el hecho de mostrar a los demás que estamos molestos o decepcionados con algo, de alguna manera, nos permite autojustificarnos, ya que damos por supuesto que, por simple hecho de manifestar nuestra inconformidad acerca de algo y/o alguien demostramos implícitamente que lo que está sucediendo nos importa, que estamos realmente concienciados acerca de ello…

A través de la queja, reconocemos que nos gustaría que una situación determinada fuera de otra manera, pero que no tenemos la culpa de que sea como es, ni el poder o los medios suficientes para influir, por lo que debido a ello, no nos queda más remedio que resignarnos a aceptarla, aunque sea contra nuestra voluntad… en muchas ocasiones la queja nos hace convertirnos en víctimas… nos exime de asumir la responsabilidad de actuar, de hacer algo para modificar un estado y/o situación con la que no estamos conformes, a la vez que pretende provocarnos la sensación de que en el fondo, estamos haciendo un esfuerzo sincero y real por cambiarla… el problema surge porque para mucha gente, con eso es suficiente.

¿Realmente te molesta una situación? ¡¡Entonces dí qué es lo que estás haciendo para cambiarla!! Debemos de ser conscientes de que, para el ser humano, existen pocas conductas más incapacitadoras y limitantes, y por desgracia más frecuentes, que el victimismo, el conformismo y la resignación… Esa es realmente la gran crisis en la que estamos actualmente sumidos, todo el mundo se queja de que nos están recortando derechos, de lo que nos está afectando la crisis, o de “lo mal que está la cosa”, pero en el fondo nadie hace nada para cambiarlo. La gran mayoría se limita (nos limitamos) a criticar y a quejarse, y como consecuencia, nada cambia…

Es hora de dejar de quejarnos y empezar a hacer, de olvidarnos de palabras inútiles y demostrar en actos tangibles ese compromiso real con esos ideales que todos decimos tener… pero no solo en lo relacionado con la crisis, sino en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida.

Si tienes tiempo para quejarte, también tienes tiempo para hacer algo al respecto…

 

 

 

 

Vía http://www.posadascoaching.com/2012/deja-de-quejarte

 

Tú eres tus pensamientos

Cuando Siddharta el Buda dijo “tú eres tus pensamientos” no podía haber imaginado toda la avalancha de investigaciones y datos científicos que 2.500 años después avalarían su afirmación.

Los/as psicólogos/as parecen estar de acuerdo con que los problemas psicológicos y de insatisfacciones con la vida, surgen cuando el ser humano tiene sus necesidades básicas cubiertas y dispone de tiempo libre para pensar. El control de la mente, el ser dueño de la misma en lugar de ser su sirviente, se ha demostrado como la llave que abre la puerta de la felicidad. Lo que cada uno/a pensamos acerca de nosotros/as mismos/as, de las personas que nos rodean y del mundo en general, acaba convirtiéndose con mucha frecuencia en una profecía autocumplida. Proyectamos en el exterior nuestro mundo interior y la imagen que recibimos no es más que un reflejo de nuestra propia imagen.

Creemos ver el mundo tal y como es y en realidad lo que vemos es nuestro propio reflejo, el reflejo de nuestros  pensamientos, y la versión del “mundo” que hemos creado en nuestra propia cabeza.

Por ejemplo, numerosos estudios han demostrado que la autoconfianza, una convicción férrea de mis capacidades de logro, es el factor singular más determinante del éxito. No es más que una pequeña muestra del poder que nuestras convicciones, nuestros pensamientos e ideas acerca de la realidad, tienen sobre nuestro destino como personas.

La configuración de nuestra mente  fruto de la evolución de nuestra especie, no siempre nos ayuda a ser felices. Nuestra mente dispone de mecanismos que nos han ayudado a sobrevivir y progresar como especie pero que no son nada útiles si hablamos de su efecto sobre nuestra felicidad. Estos mecanismos- muy útiles para la supervivencia- se convierten, a su vez, en tendencias tóxicas que contribuyen a perturbar nuestra paz interior.

Nuestra mente es capaz de abstraernos en el tiempo, y con ello de recrear el pasado o pensar en el futuro,  hemos desarrollado la empatía, somos capaces de elaborar comparaciones mentales entre objetos y sentimos apego hacia lo que disfrutamos… estos cuatro ejemplos de nuestras capacidades mentales son cuatro herramientas muy útiles para la supervivencia. ¿Por qué? Porque, por ejemplo, la agricultura y la ganadería nacen de nuestra capacidad de prever acontecimientos futuros, la empatía nos empuja a ayudar al que lo necesita y así nuestra especie se perpetúa, comparar te permite realizar distinciones útiles para crear o para manejarte con las diferencias y el apego te hace querer conservar los bienes de los que disfrutas.

No obstante, esas ventajas se presentan como monedas de doble cara, y la cruz de las mismas es que con frecuencia perturban nuestra paz interior. El hecho de ser capaces de pensar en el futuro y prever acontecimientos nos hace vivir preocupados por posibles adversidades que quizá nunca ocurran. El hecho de haber desarrollado la capacidad empática nos hace vivir el sufrimiento de los otros. El ser capaces de hacer comparaciones nos lleva a tener sentimientos de frustración respecto a lo que otros tienen y/o son. El apego nos hace vivir con miedo a perder aquello que poseemos (o nos posee)

Nuestra mente ha sido configurada genéticamente para ayudarnos a sobrevivir, no para ayudarnos a ser felices, puesto que este no es el objeto de la evolución.

La tan ansiada búsqueda de la felicidad requiere de un esfuerzo persistente; pero estoy convencida de que en nuestra configuración mental también residen los recursos necesarios para acercarnos a ella, porque si alguna vez me he sentido en absoluta calma, si alguna vez he sentido la más absoluta sensación de felicidad, si alguna vez he sentido un amor absolutamente desinteresado hacia alguien, es porque disponemos de todo el equipamiento necesario para disfrutar de una vida plena.

Fuente
Planes, J. (2010) Revoluciona tu vida. Desata tu potencial.

Sufrimos demasiado por lo poco que nos falta y gozamos poco por lo mucho que tenemos

Un padre y su hijo tenían hambre, por lo que decidieron irse a pescar en su pequeño barco. El padre ayudó a su hijo con el carrete y este pescó su primer pez.

– Gran pesca, hijo mío – dijo el padre.

– Sí, pero  quizás haya otro pez mejor – le respondió el hijo. – ¿Y si pudiera atrapar un pez más grande y más sabroso?

– Tal vez deberías intentarlo – fue la respuesta que obtuvo del padre.

Y así lo hizo el hijo de forma que capturó un pez aún más grande.

– Una verdadera belleza – le animó el padre.

– Pero probablemente ahí fuera hay peces aún más grandes.

– Quizás deberías volver a intentarlo – le respondió el padre.

El hijo se animó y capturó otro pez mayor y así prosiguió con su idea de pescar siempre un ejemplar de mayor tamaño y de carne más exquisita.

Al final del día el hijo se estaba exhausto y no había probado bocado por lo que el padre le preguntó: 

– ¿Te ha gustado el pescado?

– No lo sé. Estuve tan ocupado intentando pescar los mejores ejemplares que no tuve ni un segundo para probarlos.

¿En cuántas ocasiones nos hemos comportado como el hijo de esta historia?

Desgraciadamente muchas veces esperamos a saborear la victoria hasta que logramos otra meta aún más grande y más satisfactoria. Entonces asumimos decenas de metas y nuevos objetivos que demandan nuevos esfuerzos y que nos mantienen tan ocupados que no somos capaces de apreciar los pequeños logros ni de disfrutar del camino que emprendemos. Esperar un futuro mejor no es, definitivamente, la mejor manera de vivir el presente.
Aunque nuestra vida fuese el doble de larga, no podríamos visitar todas las ciudades del mundo, leer todos los buenos libros u obtener todas las metas que nos propongamos. Nuestra vida y nuestras capacidades son limitadas, por ende, en muchas ocasiones en vez de preocuparnos por aquello que nos estamos “perdiendo” sería mucho más inteligente concentrarse en lo que estamos “viviendo”.
Esto no significa que no debamos plantearnos metas nuevas y más desafiantes que nos permitan crecer como personas sino que debemos aprender a disfrutar del camino y a apreciar las cosas que tenemos a nuestra disposición en este mismo momento.

La felicidad no está en la meta, está en el camino

 

 

 

Fuente:
http://www.rinconpsicologia.com/2012/02/la-espera-de-un-futuro-mejor.html

La felicidad, muchas veces, consiste en percibirse a sí mismo sin miedo (W. Franklin)

¿cuándo fue la última vez que buscaste un momento de tranquilidad y silencio contigo mismo/a?

El silencio es algo más que no hablar, es bloquear nuestro pensamiento (siempre activo y disparado) para dejar que surja la intuición y el conocimiento profundo, que proviene de los sentimientos, del corazón por encima de la razón.

En la soledad también nos enfrentamos a nuestras sombras, a nuestros miedos. Es entonces cuando se necesita la valentía para mirarse al espejo con honestidad y humildad. Somos una mezcla enorme de virtudes y bajezas, pero ser conscientes de estas últimas no debería servir para hundirnos, sino para hacernos más humildes y mejorar esos aspectos en aras de parecernos a la persona que queremos ser. De la misma manera que ser conscientes de nuestras virtudes es un paso indispensable en el camino hacia nuestro “yo ideal”.

La gente suele pensar que es más importante conocer nuestros defectos que nuestras virtudes, pero esto no es cierto, ambas cosas son igualmente importante, no existen la una sin la otra. Además, si no las conocemos (y nos las re-conocemos) no las potenciaremos, y con el tiempo se atrofiarán y dejarán de ser virtudes. Hay que conocer los puntos fuertes para potenciarlos y mantenerlos, y los puntos de mejora para trabajarlos y minimizarlos.

“La verdadera grandeza del ser humano está en lo que es capaz de dar de sí mismo”

La ventana de Johari es una herramienta utilizada ampliamente por los/as psicólogos/as para facilitar el autoconocimiento y mejorar nuestras relaciones con los demás. Esta herramienta permite conocer cuánto de nosotros conocen los demás o en qué grado nos conocemos a nosotros mismos. Todo ello dividido en cuadrantes. Concretamente en cuatro:

  • Zona abierta o libre: La parte de nosotros mismos que los demás también ven. Información que comparto con los otros sobre mi. Opiniones y sentimientos que expreso libremente.
  • Zona ciega: Lo que los otros perciben de nosotros, pero nosotros no. Impresiones que causo en los otros a través de mis acciones, gestos, actitudes… aunque yo no sea consciente de ellas.
  • Zona oculta: La parte que deliberadamente oculto de mi a los demás. Lo que yo sé de mi pero no quiero compartir.
  • Zona desconocida: Aquello que desconozco de mi mismo/a y que los demás tampoco conocen. Componen esta zona los instintos, los deseos reprimidos, las experiencias olvidadas…

El verdadero ejercicio de autoconocimiento, además de la propia autorreflexión crítica, consiste en obtener información de los demás para reducir mi zona ciega y ampliar la zona libre, para tener más información sobre la imagen que doy a los demás. No podemos cambiar lo que no se ve, así que la información que nos brindan los demás es imprescindible para conocer aquellas cosas que transmitimos y que no somos conscientes, y valorar si queremos seguir manteniéndolas o queremos que dejen de formar parte de nuestra imagen.

Pero, siendo realistas, no es fácil aceptar la zona ciega. No nos resulta sencillo asumir de buen grado la impresión que los demás tienen de nosotros… pero no se trata de juzgar si están en lo cierto o no con esa impresión, se trata de decidir si quiero seguir causándola…

El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad en disfrutar lo que se obtiene.

El éxito tiene muchas caras… Para el/la estudiante significa tener ese título que durante años ha buscado para empezar a trabajar. Para el trabajador significa obtener la promoción o el reconocimiento esperado. Para una madre o un padre, el éxito incluye educar a sus hijos/as en valores, como personas seguras de sí mismas y satisfechas; cuando, sin embargo, a estos mismos hijos/as el éxito se les representa en forma de carné de conducir y coche a los 18 años.

El éxito, como vemos, es subjetivo, cada persona tiene su propia idea de lo que significa tener éxito en la vida o ser una persona exitosa. Sin embargo, es muy habitual que nos preguntemos de vez en cuando qué hacen algunas personas para lograr el éxito en lo que se proponen. Todos/as conocemos a alguien que parece que todo lo que emprende le resulta fácil de conseguir, de la misma manera que seguro que también conocemos a alguien a quien, sea lo que sea que emprende, nunca acaba obtenido resultados exitosos.

¿qué diferencia a las personas exitosas?

Si revisásemos la literatura existente sobre la psicología del éxito, veríamos que existen numerosas variables que han demostrado ser predictoras del éxito personal: Preparación, educación, experiencia, humildad, entrenamiento, tolerancia, perseverancia, contar con metas y objetivos claros, etc. todas aportan y suman elementos necesarios para lograrlo. Sí, todos estos y muchos otros elementos más contribuyen a darle forma a la psicología del éxito; pero si tuviera que elegir un ingrediente en común entre las personas exitosas lo resumiría en “SE LO CREEN”

Sí, las personas exitosas creen, confían, en su capacidad para alcanzar los objetivos que se proponen. La verdadera psicología del éxito consiste en creer en ti mismo/a y punto.

Las personas exitosas creen firmemente en que acabarán consiguiendo la meta propuesta, y se visualizan alcanzándola.

LA RELACIÓN ENTRE ÉXITO Y VISUALIZACIÓN

La visualización, es decir, el vernos a nosotros/as mismos/as alcanzando nuestras metas, da resultado cuando se utiliza de manera realista y acompañada de otras acciones. Funciona, y se utiliza con frecuencia, por ejemplo, por deportistas profesionales.

Lo cierto es que, antes de realizar un hecho, hay que crearlo mentalmente

“La mente precede al hecho”

Comparto con vosotras/os la historia de un hombre que obtuvo grandes éxitos profesionales gracias a su tremenda capacidad de visualizar sus sueños.

Se celebraba la inauguración de Epcot Center en la ciudad de Orlando, Florida. Habían pasado ya cinco años desde la muerte de Walt Disney, quien había concebido el proyecto, y había trabajado fuertemente para que se llevara a cabo.

Un reportero se acerco a Roy Disney, hermano de Walt, quien en aquel momento se encontraba al frente de la corporación, y le dijo: “Debe ser un momento difícil para usted; un día de gran alegría pero también de inmensa tristeza al ver que Walt nunca pudo ver culminado este parque, que era uno de sus grandes sueños”.

Roy sonrió, lo miró fijamente a los ojos, y respondió: “joven, está usted equivocado. Mi hermano Walt vio culminado este sitio. Y fue precisamente gracias a que lo vio culminado mucho antes de que se comenzara a construir, que hoy usted y yo lo estamos viendo”.

Roy ponía en evidencia algo que conocía bien. Se dice que Walt Disney fue capaz de realizar proyectos, precisamente porque era capaz de visualizarlos ya terminados cuando apenas eran una idea en su mente.

La idea de Disneylandia se le ocurrió mientras paseaba con sus hijas. Imaginó un gigantesco parque de diversiones para los niños, donde podrían encontrarse con los personajes de sus dibujos animados.

Cuando buscaba financiamiento, llevaba a los banqueros al lugar que había escogido en las afueras de Los Ángeles, California, y desde una colina cercana les indicaba con voz entusiasta dónde estarían las entradas, la calle principal y el castillo.

¿Lo puede ver? preguntaba. Y los desconcertados financieros trataban de imaginar lo que Disney veía ahí, en medio de aquel terreno baldío.

¿Qué ves tú en tu futuro? ¿Te puedes ver como una persona exitosa, próspera y feliz? ¿O tu visión es pesimista y ves problemas y dificultades que no puedes superar, que te conducen al fracaso y la infelicidad?


La visión que tienes de tu futuro es muy importante ya que las acciones que tomarás irán en concordancia con esa visión, y acabarán convirtiéndola en realidad.

La felicidad depende de tu relación contigo mismo/a más que de cualquier otra cosa

En cierta ocasión, durante una cena de empresa de esas que se llevan tanto estos días, se encontraban conversando la pareja del Director General y algunas de las esposas de los otros empleados, éstas útimas le preguntaron con cierto morbo a la primera: ¿Tu marido te hace feliz?

El Director General, que en ese momento no estaba su lado pero sí lo suficientemente cerca para escuchar la pregunta, prestó atención a la conversación, se incorporó ligeramente en la silla, en señal de seguridad, pues sabía que su  esposa diría que sí, ya que ella jamás se había quejado durante su matrimonio. Sin embargo, para sorpresa suya y de los demás, la esposa respondió con un rotundo “No, no me hace feliz”

En la sala se hizo un incómodo silencio como si todos los presentes hubieran escuchado la respuesta de la mujer. El Director estaba petrificado. No podía dar crédito a lo que su esposa decía, y menos en un momento como aquel. Ante el asombro del marido y de todos, ella simplemente se acomodó en la silla y continuó:

 “No, él no me hace feliz…Yo soy feliz…! El hecho de que yo sea feliz o no, no depende de él, sino de mí. Yo soy la única persona de quien depende mi felicidad”

Si antes de continuar leyendo te preguntase ahora “¿Eres feliz?” ¿qué contestarías? 

RECUERDA: la felicidad depende de tu relación contigo mismo/a más que de cualquier otra cosa

Y… ¿CÓMO PUEDO POTENCIAR ESA RELACIÓN SATISFACTORIA CONMIGO MISMO/A?

 Una manera podría ser siguiendo la Regla de las 3 “P”

1. PLACER: Busca tus actividades placenteras, ¿Cuáles son tus hobbies? ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre? Deja de decir “si tuviera tiempo” o “cuando tenga tiempo haré…” y empieza a dedicarte unos minutos al día o unas horas a la semana, para hacer aquello que te gusta hacer -y que siempre pospones o aplazas- para hacer lo que tienes que hacer.  

Sé tan estricta/o contigo y con tu tiempo para ti, como lo eres para con el tiempo que dedicas a los otros.

Recuerda que la Felicidad no es la meta, sino el camino

2. PASIÓN: Está claro que quizá no puedas hacer todo lo que te apasiona, pero sí puedes poner pasión en todo lo que haces. La pasión y la ilusión en todo lo que haces en tu vida personal y profesional son claves de esa felicidad que todas/os buscamos. La pasión define la excelencia de tu trabajo. Seguramente al leerlo pienses que no se puede poner pasión en aquello que no te gusta, o en aquello que haces por obligación, pero la experiencia me dice que encontrar cuál es el sentido de lo que haces, ayuda a encontrar la pasión necesaria para hacerlo. Quien no pone pasión en lo que hace pone desidia y la desidia conduce inequívocamente a una vida vacía. La pasión da fuerza, energía, postiviza lo negativo y pone el ímpetu que se necesita para vivir cada cosa de una forma especial. Yo no podría, no sabría vivir sin poner pasión en todo lo que hago y la pasión puesta en pequeñas cosas, suele dar grandes dosis de satisfacción personal.

Pon todo tu corazón, toda tu mente y toda tu alma en todo lo que hagas

 3. PERSONAS – Dedica tiempo a estar con personas que te ofrecen crecimiento personal y que también proporcionan valor a tu vida. Dedica tiempo y comprométete en hacer crecer las relaciones que mantienes con las personas que te importan, amplía tu círculo social y disfruta de la compañía de otros.

Ayudar a otras personas desinteresadamente también eleva nuestros niveles de felicidad. Son numerosos –tanto que merecerían un post aparte- los estudios que han demostrado que hay una relación causal entre ayuda y felicidad. Si te paras a pensar verás que si alguna vez has cuidado/atendido/escuchado a alguien te sentiste reconfortado/a y satisfecho/a contigo mismo/a; además escuchar activamente o atender a otros nos hace olvidarnos de nuestros problemas momentáneamente; incluso –no sé si os habrá pasado alguna vez- simplemente observar a otros ayudar nos emociona y nos hace sentir felices.

Cuando eres un faro para otros, iluminas tu propio camino

No busques la felicidad en lugares donde ésta no se encuenta.

Las soluciones se encuentran fuera del camino marcado

“Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pasto. Siendo animal irracional como es el becerro, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas.

Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, líder de un rebaño, que, viendo el espacio ya abierto, hizo a sus compañeros seguir por allí.

Más tarde, los hombres  -animales racionales- comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha, a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa.
Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos, si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.
Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, posteriormente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto era el peor posible.

Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres tienen la tendencia a seguir- como los becerros, perros o carneros- el camino que ya está abierto, sin preguntarse nunca si aquélla es la mejor elección.”

(Paulo Coelho).

La fábula que Coelho nos cuenta, y que un buen amigo ha querido compartir conmigo, me da pie para escribir esta semana sobre el enorme poder gravitatorio que tienen nuestros hábitos a la hora de tomar decisiones (¡cómo nos fijan, nos atan, los hábitos!) y sobre el papel que juegan nuestros pensamientos limitantes en este proceso.

Pongamos como ejemplo el “Juego de los 9 puntos”

El juego consiste en unir los siguientes 9 puntos siguiendo una serie de reglas:


Hay que hacerlo sin levantar el lápiz del papel

No se puede pasar dos veces por el mismo punto

Todos los puntos deben quedar atravesados

Sólo se pueden usar cuatro líneas rectas 

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